Reflexiones sobre un suicidio

Reflexiones sobre un suicidio

Llovieron mensajes que sugerían a todos nuestros expresidentes vivos seguir el ejemplo de García.

25 de abril 2019 , 07:16 p.m.

Independientemente de la opinión que uno tenga sobre Alan García como político, su suicidio no es una noticia insignificante. Fue dos veces presidente del Perú; la primera vez generó un descalabro económico fenomenal, la segunda le fue bastante mejor, pero de las dos salió acusado (no entraré a opinar si con razón o no). Después de la noticia vi dos veces la entrevista que un día antes le había hecho Radio Programas del Perú. La segunda vez apagué el sonido, tratando de escuchar lo que decía su cara. Ella expresaba que no estaba dispuesto a someterse al maltrato que le esperaba. Su carta, leída posteriormente, lo confirmaba: “En estos tiempos de rumores y odios repetidos que las mayorías creen verdad, he visto cómo se utilizan los procedimientos para humillar, vejar y no para encontrar verdades”.

Imposible no recordar al político brasileño (aún más complejo y controvertido) Getulio Vargas, quien después de haber sido cuatro veces presidente tomó la misma decisión, y por similares motivos. Fue admirador de los gobiernos fascistas europeos, pero finalmente les declaró la guerra. En uno de sus periodos ejerció como dictador ocho años, pero posteriormente fue elegido con un discurso populista. En su carta de despedida escribió: “Más de una vez, las fuerzas y los intereses contra el pueblo se coordinaron y se desencadenaron sobre mí. No me acusan, me insultan; no me combaten, difaman de mí; y no me dan el derecho a defenderme”.

Apenas dos días después del suicidio, la justicia peruana confirmó los temores de García.

Es importante observar con atención desapasionada esos sucesos dramáticos, porque dejan enseñanzas sobre el ser humano. Los dos reclamaban respeto a su dignidad y aseguraban haberse ganado un honesto lugar en la historia. Los dos sentían que la justicia no iba a ser seria y austera con ellos, sino complaciente con sus malquerientes.

Las reacciones en Colombia me parecieron preocupantes. Muchos expresaban envidia con el Perú porque “allá sí hay justicia”. Llovieron mensajes que sugerían a todos nuestros expresidentes vivos seguir el ejemplo de García. En un país que debe clamar por la paz, las redes pedían sangre y martirio.

Apenas dos días después del suicidio, la justicia peruana confirmó los temores de García. Según el cable internacional, “un tribunal peruano ordenó ese viernes prisión preventiva de 36 meses para el expresidente Pedro Pablo Kuczynski, en el marco de una investigación por presunto lavado de activos”.

Imaginemos por un momento que somos eticistas marcianos quienes leemos el titular. Lo primero que entendemos es que esa justicia reconoce que será incapaz de llegar a un resultado de condena o absolución en menos de tres años. Lo segundo, que no es necesaria una condena para ordenar la prisión; basta con que haya indicios, sin que estos deban definirse como pruebas definitivas en un juicio. Los marcianos entenderán que, según nuestro sistema moral, no es necesario comprobar culpabilidad, ni hay por qué presumir la inocencia de quien no ha sido derrotado en juicio.

Tal vez en Marte, la prisión preventiva se use solamente en aquellos casos en los que el acusado represente un peligro grave para otras personas, como un asesino en serie o un violador de niños. En los otros casos, el marciano pensaría que está ante un dilema en el cual debe escoger uno de dos peligros: que un culpable se le escape o que un inocente sea encarcelado. ¿Cuál será menos grave?

Pero nosotros somos terrícolas, no marcianos, y estamos de acuerdo con nuestro legendario coronel Genaro Ñungo, quien como fiscal militar afirmaba que era mejor condenar a un inocente que dejar escapar a un culpable. Según los afiebrados de las redes, debemos envidiar a Perú. En este momento, los hechos están a nivel de periodismo, esperemos a ver qué dice la historia.

@mwassermannl

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