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Para escoger candidato

Para escoger candidato

Un candidato bondadoso que no convence pierde, y uno convincente puede arrastrar multitudes al mal.

30 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Si uno quiere sentirse muy inteligente, debe poner cara de lástima y quejarse de la crisis de la democracia. Recibirá merecidos aplausos; pero hay en esa afirmación más mito que verdad. En casi toda la historia de la humanidad, la gente no tenía nada que decir sobre quién debía gobernar. Era el que tocaba, por la fuerza.
(Lea además: ¿Por qué crecer?)

A partir de hallazgos arqueológicos, es claro que la mayoría de los humanos morían por una acción violenta, generalmente producida por otro humano. Así se definía quién mandaba. Más tarde, la frecuencia de muertes violentas disminuyó, pero el sistema no cambió mucho. Gobernaba el comandante del ejército o sus descendientes. Hace apenas siglo y medio que surgió un sistema que permite elegir gobernantes por votación. Si bien hubo unas breves democracias en Grecia y Roma, fueron algo diferente de lo que tenemos hoy. Solo votaban los hombres, nacidos en el lugar y con propiedades, y la mayoría de los cargos se llenaban por sorteo.

Los apodos de los gobernantes dicen mucho de quiénes eran. Unos hablaban de sus cualidades como Alfonso X el Sabio o Felipe el Hermoso; otros, de sus virtudes, como Fernando I el Honesto o Alfonso II el Casto; algunos, de sus defectos, como Luis I el Testarudo. Pedro I el Cruel fue asesinado por su hermanastro Enrique II el Fratricida. Alejandro fue magno para algunos, y para otros fue Iskander el Maldito. Eric I de Noruega era Hacha de Sangre, y María I de Inglaterra era Bloody Mary (y no porque le gustara el vodka con jugo de tomate). Otros fueron malos en extremo, como Vlad II de Rumania, a quien llamaban el Diablo, y su hijo Vlad III, el Empalador o Drácula.

La verdad es que, como dicen que decía Churchill, la democracia es el peor sistema, fuera de todos los demás. Hay mucho que discutir y objetarles a sus detalles y sus imperfecciones, hay mucho que mejorar, pero la otra opción es la imposición de una voluntad minoritaria, por la fuerza.

Al escoger nuestro candidato tenemos que analizar varios parámetros. Algunos son necesarios, no renunciables, como su visión de mundo y nuestra confianza en su persona.

¿Son importantes las cualidades personales del candidato? Creo que sí. Hemos visto que incluso con el soporte de un partido político fuerte, un candidato bondadoso que no convence pierde, y uno convincente puede arrastrar multitudes al mal.

¿Cómo escoger? Hay algunos parámetros útiles para examinar. El primero es su visión de mundo; parámetro necesario, pero no suficiente. Si uno cree en la democracia, en la igualdad y en la libertad individual, no podría escoger a un aristócrata sectario. No es suficiente, porque los humanos a veces dicen cosas que no piensan cuando quieren convencer. Por eso hay otro parámetro importante que es la confianza que el candidato nos inspira. La confianza depende de su pasado. De las decisiones que ha tomado en su vida, de sus acciones y de la coherencia entre ellas y sus declaraciones. Pero solo la confianza tampoco es suficiente si no va con visión compartida.

Los proyectos no son un buen parámetro para escoger. A veces se debe sospechar cuando un candidato ofrece exactamente lo que uno quería oír. Esas coincidencias son extrañas, y el candidato puede estar tratando de ganar votos complaciendo. Si es así, gobernará persiguiendo las encuestas de opinión. Hay muchas formas de hacer las cosas bien, entonces es suficiente coincidir con su visión de largo plazo y sentirse cómodo con el camino que proponga, aunque sus proyectos no sean idénticos a los que uno propondría. Creer que solo hay una forma de hacer las cosas bien es una patología política fuente de autoritarismo.

En resumen, al escoger nuestro candidato tenemos que analizar varios parámetros. Algunos son necesarios, no renunciables, como su visión de mundo y nuestra confianza en su persona, pero ninguno es suficiente por sí mismo. Los proyectos son de importancia menor; enrutados en un buen camino, encontraremos los adecuados.

MOISÉS WASSERMAN
@mwassermannl

(Lea todas las columnas de Moisés Wasserman en EL TIEMPO, aquí)

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