Memoria y olvido

Memoria y olvido

El historiador honesto no tiene el derecho de perseguir una demostración en contravía de los hechos.

13 de junio 2019 , 07:59 p.m.

En esta época que vivimos, tratando de construir una sociedad en paz, la memoria juega un papel fundamental. Por eso son tan importantes el Centro Nacional de Memoria Histórica y la Comisión de la Verdad. La memoria y el reconocimiento de la verdad son indispensables para que no se repitan tragedias que vivimos.

Pero también es importante olvidar. En su relato Funes el memorioso, Borges nos muestra el tremendo destino de un hombre condenado a no olvidar nada. Encontrar el límite entre recordar lo que hay que recordar, para no repetir, y olvidar lo que se debe olvidar, para poder perdonar, sería el mejor logro de nuestra inteligencia colectiva (ojalá la tengamos).

Mi abuelita, que nació en Ucrania, cuando quería calificar a alguien de terrible malvado lo comparaba con el cosaco Bogdán Jmelnitski, que en sus batallas no perdió la oportunidad de hacer un pogromo entre las comunidades judías de la región.
Siempre después de nombrarlo añadía la maldición, “que su nombre y su recuerdo sean borrados”. Como gran paradoja, es posible que solo sea recordado por quienes lo maldicen, y la maldición se cumplirá solo cuando no quede nadie que la pronuncie.

Las tareas del Centro de Memoria Histórica y de la Comisión de la Verdad son importantísimas, pero no envidio a quienes han sido sus directores. Todos han sido atacados.

Eróstrato incendió el templo de Diana en Éfeso (una de las siete maravillas del mundo) para ser famoso y recordado. Como castigo se prohibió nombrarlo, bajo pena de muerte. Paradójicamente, de nuevo, la prohibición lo hizo más famoso de lo que jamás hubiera imaginado, lo convirtió en un símbolo hasta nuestros días.

Yo periódicamente releo y cito la primera página de El libro de la risa y del olvido, de Milan Kundera. El líder comunista checo Klement Gottwald se dirigía al pueblo desde un balcón. Hacía frío, y a su lado estaba Vlado Clementis, quien le prestó su sombrero. Poco después, Clementis cayó en desgracia por no ser suficientemente estalinista y fue ejecutado. Se borró de todos los textos y las fotos oficiales. Lo único que quedó de él fue una foto de su sombrero en la cabeza de Gottwald. Pero la historia acomoda sus cosas, y, en verdad, hoy tampoco hay muchos que recuerden a Gottwald.

Las tareas del Centro de Memoria Histórica y de la Comisión de la Verdad son importantísimas, pero no envidio a quienes han sido sus directores. Todos han sido atacados desde campamentos políticos opuestos con la acusación de que no son objetivos ni imparciales. En el fondo, no se les reclama que tengan una ideología y una visión de mundo propia, sino que ellas no sean las de quien los ataca.

La historia, a diferencia de lo que pasa en las ciencias naturales, está necesariamente cargada de juicios de valor, y estos dependen de la visión del historiador. Es ingenuo pretender que alguien pueda exponer hechos recientes de tal magnitud sin involucrarse. Churchill alguna vez afirmó, con su implacable agudeza: “La historia me vindicará; yo escribiré la historia”.

Pero eso no quiere decir que todo valga. El historiador honesto no tiene el derecho de perseguir una demostración en contravía de los hechos ni puede convertirse en el defensor de una causa. Debe hacer un auténtico esfuerzo por que su narración refleje los hechos con verdad.

Yo me contentaría con hacerle dos exigencias mínimas. La primera, que no oculte ni permita el ocultamiento de ningún hecho o testimonio. La segunda, que haga explícita su visión ideológica cuando interprete o valore los hechos. Si cumple con esto, su trabajo estaría sometido a la crítica de otros historiadores con visiones diferentes, y así (dice el nobel e historiador T. Mommsen), los juicios históricos podrán ser intersubjetivamente verificables.

Dicho de otra manera, si los historiadores cumplen con esas exigencias, sería posible que la historia misma se encargue de ajustar sus relatos a la verdad.

@mwassermannl

Sal de la rutina

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