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La vacuna contra la malaria

La vacuna contra la malaria

Hay otros proyectos de vacuna que se están desarrollando en el mundo; once ya están en pruebas.

14 de octubre 2021 , 08:00 p. m.

Recientemente la prensa trajo la buena nueva de que una vacuna contra la malaria fue aprobada por la Organización Mundial para la Salud. Se llama RTS,S (comercialmente Mosquirix), y fue desarrollada principalmente por la farmacéutica GSK (GlaxoSmithKline). Es una molécula producida por ingeniería genética (un transgénico benévolo más). Es un híbrido entre una proteína de la forma infectante del parásito, la que inyecta el mosquito al picar, y otra de la superficie del virus de Hepatitis-B. El año pasado murieron casi 300.000 niños por esta enfermedad, el asunto es muy serio.

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Seguramente al lector le han surgido varias preguntas. Una obvia es por qué contra el covid-19 surgieron varias vacunas en menos de diez meses y contra la malaria llevamos más de medio siglo de espera. La respuesta está en la complejidad del problema. El virus Sars-CoV-2 tiene un genoma de menos de 30.000 letras que codifican diez proteínas. Su estrategia de permanencia consiste en cambiar las letras con muy alta frecuencia. Por eso la aparición de las variantes que nos cuenta la prensa y que tanto nos preocupan.

El parásito de la malaria (Plasmodium) tiene cerca de 30 millones de letras que codifican unas 5.300 proteínas. Hay cinco especies de Plasmodium que afectan al humano. La vacuna es solo contra una de ellas, la más virulenta y la preponderante en África (aunque no en América y Asia). El Plasmodium tiene un ciclo de vida complejo, cambia entre varias formas: una infectiva que se desarrolla en el mosquito, es captada por el hígado donde se transforma para infectar al glóbulo rojo (otro cambio) y finalmente algunos parásitos sufren una diferenciación a gametos que son ingeridos por el mosquito para cerrar el ciclo.

Para colmo de males, casi todo el tiempo el parásito vive dentro de células del humano, es decir, escondido. Hay pocas y cortas ventanas de tiempo en las que podría estar expuesto al sistema inmune. Una de ellas es el breve lapso entre la picadura del mosquito y la captura por el hígado. Esa es la que se ataca con la vacuna desarrollada.

Es de esperar que se encuentre una vía de financiamiento que le permita a la compañía recuperar su inversión, pero que siga siendo de acceso totalmente gratuito para los países africanos.

Una complejidad adicional proviene del gran repertorio de genes que, en millones de años de coexistencia con sus hospederos animales, han evolucionado y acumulado un grupo especial que sabe cambiar la superficie del parásito. Eso es un verdadero disfraz para despistar la reacción del sistema inmune, mientras se escapa al próximo escondite.

La vacuna reportada es un avance importantísimo y significativo. Pero no es el fin del camino, ni elimina todas las otras medidas como los medicamentos, redes, insecticidas, repelentes y mucho ingenio para no dejarse picar (no jugar dominó en la puerta de la casa a las seis de la tarde, por ejemplo).

Esta vacuna está destinada a poblaciones pobres. La compañía que la desarrolló contó con el apoyo de muchas instituciones y últimamente con el de la fundación Gates. La distribución hasta ahora ha sido gratuita; fueron ensayos con más de 800.000 vacunados, pero solo ensayos. Es de esperar que se encuentre una vía de financiamiento que le permita a la compañía recuperar su inversión, pero que siga siendo de acceso totalmente gratuito para los países africanos.

Algunos lectores con memoria se preguntarán también por qué se dice que esta es la primera, si ellos ya habían oído de otra, la colombiana. De hecho, quienes entraron a primero primaria cuando se hizo el primer anuncio, hoy ya tienen más de 40 años. Lo que pasó fue que solamente se trató de eso y de nada más, de un anuncio, con mucha prensa y propaganda que apelaba a un nacionalismo ingenuo. Hay otros proyectos de vacuna que se están desarrollando en el mundo; once ya están en pruebas clínicas, en fase dos, y cinco más las comenzarán pronto. Hay más esperanzas.

MOISÉS WASSERMAN
@mwassermannl

(Lea todas las columnas de Moisés Wasserman en EL TIEMPO, aquí)

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