La ira del justo y los indignados

La ira del justo y los indignados

Parece que la humanidad es más propensa a la ira que a la razón.

01 de agosto 2019 , 07:50 p.m.

Dicen que la indignación, tan de moda hoy, es un fenómeno típicamente occidental. El término en inglés que mejor la define es righteous anger, y no es fácil de traducir. El diccionario dice que equivale a ‘ira justa’; me parece más aproximado ‘ira justiciera’, o quizá ‘ira del justo’.

Las razones que se aducen para decir que es occidental son unas citas notables de los libros sagrados de Occidente. Moisés se puso iracundo cuando regresó del monte Sinaí con las tablas de la ley y encontró a parte del pueblo adorando un ídolo. El castigo fue tremendo. Jesús sacó del templo a los mercaderes y cambistas a empellones y latigazos. El rey David, después de oír al profeta Natán, entró en furia contra un pastor rico y egoísta que le robó la única oveja a su vecino. Lo sabroso del cuento es que el pastor de Natán era el mismo David y la oveja robada, su amada Betsabé. Esos personajes entraron en santa ira porque sintieron que se vulneraban sus principios sagrados.

Se dice que hay otras culturas en las que hablar de ira justa es incurrir en una contradicción en los términos, un oxímoron tal como el sol oscuro de los alquimistas. Para Séneca, en su ensayo De ira, la rabia es una clase de locura que expulsa el pensamiento racional. Su escuela estoica, que valoraba la razón como fuente suprema de la virtud y la felicidad, consideraba la ira como la mayor amenaza. Incluso les recomendaba a los soldados atacar al enemigo sin rabia. El furioso Aquiles de la Ilíada era lo opuesto a un héroe, que debe mantener su calma en el desastre. “Es imposible ser justo y furioso al tiempo. El deseo de castigo al culpable debe surgir de un sentido de deber y lealtad, no de la rabia”. Contaba Séneca que Platón, furioso con un esclavo, le pasó el látigo a un acompañante, pidiéndole que lo castigara, porque él estaba demasiado rabioso para hacerlo.

En Europa es evidente que el voto de la derecha se está nutriendo con indignados de la izquierda

En verdad parece que la humanidad es más propensa a la ira que a la razón. Temo que no solo en Occidente. Todas las guerras de expansión religiosa y nacional en la historia se movieron alimentadas por una ira profunda contra el otro, el infiel, el que no cree lo que yo creo ni se comporta como la ‘gente decente’. En todo caso, siempre contra alguien a quien se considera moralmente inferior.

Vemos hoy muchas manifestaciones de ira justiciera, que, como pensaba Séneca, tienen mucho de ira, poco de justicia y muchísimo menos de razón. El estado de indignación constante en las campañas políticas y en las redes sociales legitima un matoneo encendido, un discurso incivil y descalificador, una burla y una violencia (inicialmente simbólica, después no sabemos).

La ira da buenos rendimientos en política, pero solo temporales, porque quien se mueve por la rabia y la indignación no aprecia las ideas; su programa político se concentra en aquello con lo que hay que acabar. La experiencia con movimientos que suben como espuma con la indignación es que bajan con la misma velocidad. Los votantes indignados no son verdaderamente ni de derecha ni de izquierda, son antis, y migran fácilmente de un extremo al otro, no son sensibles a las incoherencias lógicas. Entre los ‘chalecos amarillos’, por ejemplo, hay quienes odian a Macron por burgués pero pronto votarán por Le Pen. Hay ‘verdes’ que queman llantas para protestar por el calentamiento global y se oponen al aumento del precio de la gasolina (lo cual es una forma para disminuir su consumo). En Europa es evidente que el voto de la derecha se está nutriendo con indignados de la izquierda.

Los tiempos de indignación son tiempos de confusión. Todo puede pasar y lo contrario, también, porque la indignación, además de ser irracional, es irresponsable. El indignado nunca rinde cuentas y nunca reconoce una equivocación.

@mwassermannl

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