‘Fake news’ de buena familia

‘Fake news’ de buena familia

Teorías sacadas del sombrero, pero dichas con la seguridad del vendedor de carros usados.

24 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Las 'fake news' (noticias falsas intencionalmente difundidas en las redes) están de moda. A veces surgen de alguna prensa irresponsable; más frecuentemente, son los inventos de personas astutas que no sienten que decir mentiras sea un problema si ellas se benefician o sus enemigos se perjudican. Sin tantas vueltas, las 'fake news' son mentiras descaradas que se difunden descaradamente.

Para disminuir su impacto se ha propuesto promover el pensamiento crítico. Es un objetivo loable, pero de largo término. Mientras tanto se podría tratar de garantizar que las fuentes informativas sean confiables, de exigir siempre un periodismo ético, con opiniones libres y noticias verdaderas.

Ahora hay una nueva clase de 'fake news', sobre todo en la radio, tratadas como si fueran de mejor familia. Se presentan en forma de consultas a ‘expertos’ en cualquier cosa, muy especialmente en salud. Estas 'fake news' de buena familia no pasan por ningún filtro crítico sobre su veracidad, no son contrastadas con el conocimiento científico bien establecido.

Se presentan en forma de consultas a ‘expertos’ en cualquier cosa, muy especialmente en salud. Estas 'fake news' de buena familia no pasan por ningún filtro crítico sobre su veracidad.

En horas de gran audiencia pasan por nuestras emisoras todo tipo de ‘expertos’. Así puede usted oír a uno en medicina ortomolecular que le dice que todos sus males pueden ser curados con una alimentación que compense sus desequilibrios metabólicos (por supuesto diagnosticados en consultas bien pagadas). Otro día escucha a un homotoxicólogo que con tratamientos homeopáticos lo desintoxica de venenos terribles (nunca detectados por nadie). Alguno le asegura que le curará una hernia discal inyectándole ozono. Mientras más energía y cuántica tenga el discurso, más confuso es y mejor vende. Los nutricionistas exóticos son frecuentes. Una vez oí a una muy seria que afirmaba que la alergia al gluten se debía al consumo de trigo transgénico, en un momento en el que no había ningún trigo transgénico sembrado en el mundo (el que hay hoy, precisamente, es libre de gluten). Otro afirmaba que los productos lácteos son venenosos, y hacía un llamado enfático a ingerir más grasa porque, según él, lo único bueno de la leche es la grasa.

Teorías sacadas del sombrero, pero dichas con la seguridad del vendedor de carros usados. Convencen con sofismas. Mezclan algo de verdad con mucha mentira. Así, aquel enemigo de la leche empezaba atacando el excesivo consumo de azúcar (cierto) y terminaba equiparándolo con el consumo de la lactosa (falso). Además, afirmaba que la leche deslactosada era dos veces peor, porque la lactosa había sido descompuesta (cierto) en dos componentes, glucosa y fructosa (falso) y que esta última es tóxica (es galactosa, pero aun si fuera fructosa sería discutible, porque tiene problemas pero no es tóxica, es el azúcar de las frutas, y nadie se ha envenenado con manzanas fuera de Blancanieves). Casi todos presentan como prueba la cura milagrosa de un paciente. Una anécdota que de ser cierta no sería extraña, porque sucede que las enfermedades a veces se curan solas. Así, basándose en una anécdota, alguien podrá decir que curó el cáncer con extracto de zanahoria. Infortunadamente no se le va a repetir, porque aquel paciente milagroso se curó solo, y pocos lo hacen.

El año pasado, una investigación de la Universidad de Yale mostró que un enfermo de cáncer que se trata con medicinas alternativas tiene un riesgo 470 por ciento mayor de morir que quien se trata de verdad. Alguien podrá decir que es un asunto de opiniones. No, no lo es, como no es cuestión de opinión que las pirámides de DMG son una estafa financiera. No es ético que un periodista trate estas 'fake news' como si fueran de buena familia, como un pecado venial con dispensa de escrutinio sobre su contenido de verdad, aquel escrutinio que le enseñaron en la escuela de periodismo.

MOISÉS WASSERMAN

Columnistas

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