El círculo en expansión

El círculo en expansión

Aun con la mejor intención, es un inmenso error redignificar las fronteras entre grupos humanos.

29 de octubre 2020 , 09:25 p. m.

En 1981 el filósofo australiano Peter Singer (quien ocasionalmente escribe para este periódico) publicó el libro El círculo en expansión; ética, evolución y progreso moral. En un comienzo llamó poco la atención, pero con el tiempo se convirtió en lectura obligada para los estudiosos formales e informales de la ética y la moral.

Se basa en la sociobiología, término acuñado unos años antes por el biólogo Edward Wilson, estudioso de las hormigas y otros insectos sociales. Hasta hoy, Wilson es vetado en algunas universidades por grupos de activistas que se autocalifican de progresistas y desconocen los orígenes biológicos de la moral, negándose a aceptar nuestra evidente animalidad.

Singer conjuga los análisis evolutivos de Wilson con concepciones sobre moral y justicia, de Rawls especialmente. Parte del desarrollo de las normas sociales en primates, y de evidencias antropológicas sobre sociedades de cazadores-recolectores, y llega a hoy. Sus conclusiones se resumen en el título. En sus inicios, todos los sistemas morales se desarrollaron con una visión tribal. Los mandamientos de todas las religiones prohibían hacer el mal a los miembros del grupo, pero eran bastante indiferentes con los de otras tribus.

El progreso moral ha consistido en una expansión del círculo de quienes consideramos nuestros pares. Empezamos con quienes hablaban el mismo dialecto, poco a poco incluimos a quienes vivían en nuestra región y tenían rasgos similares a los nuestros, luego nos identificamos con una nación y hoy, aún en forma imperfecta, con toda la especie. Expedimos la ‘Declaración Universal de Derechos Humanos’ y con base en ella hemos intervenido contra acciones que, basadas en la discriminación, le hacen daño a alguna población, aunque ella sea distante y desconocida. Singer reclama hace rato ampliar más el círculo, e incluir en él también a animales no humanos.

En la última edición de su libro (2010), Singer añadió un epílogo en el que se pregunta qué va a pasar en el futuro. Infortunadamente, algunas malas cosas han pasado. Han surgido movimientos que resaltan la identidad de un grupo como el elemento más importante para reivindicar derechos. Son considerados políticamente correctos, pero minan el concepto del círculo expandido, que basa sus reclamos de igualdad en la eliminación de fronteras.

Hace poco, a un mensaje en las redes de alguien que se preciaba de sus ancestros diciendo que era “milenario” le respondí que todos somos milenarios; tenemos una historia de unos trescientos mil años, durante los cuales vagamos por la Tierra en grupos que conquistaban y eran conquistados. La reacción de algunos ‘enredados sociales’ fue advertirme que cuando afirmaba que “todos éramos milenarios” estaba vulnerando la dignidad de esa persona que, por pertenecer a una etnia, se consideraba más milenaria que los demás. Me reafirmo en que la dignidad humana radica en lo común que tenemos, no en nuestras diferencias.

En las redes somos testigos de otros grupos políticamente correctos que pelean. Hay aquellos que se consideran superiores por cualquier característica física o cultural, pero también hay feministas que no quieren compartir su identidad con mujeres trans; mujeres que llaman “tipos” a los hombres y dicen que “todos son iguales”; otros que afirman que los hombres blancos son necesariamente racistas y machistas porque su identidad los obliga, y más.

Aun con la mejor intención, es un inmenso error redignificar las fronteras entre grupos humanos. Eso debilita el argumento más sólido que tenemos contra las discriminaciones, que es el de que las diferencias, no importa cuáles sean, nunca implican superioridad. Son simplemente manifestaciones diversas de una sola tribu, que vive en el mismo círculo expandido.

Moisés Wasserman@mwassermannl

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