El voto irracional

El voto irracional

Trabajos modernos señalan que ni siquiera la inteligencia puede definir la toma de buenas decisiones

26 de noviembre 2020 , 09:25 p. m.

Las elecciones en Estados Unidos me aumentaron el viejo terror que le tengo al voto irracional. Que 74 millones de personas votaran por un candidato como Trump parece impensable. He leído algunas posibles explicaciones. En este periódico, hace un par de semanas, Thierry Ways planteó una bastante convincente, y algo muy parecido dijo el filósofo americano Sam Harris. Esa irracionalidad puede estar construida sobre la necesidad de la gente de que la dejen en paz. No se trata de los grandes billonarios ni de los violentos, sino de una multitud que siente que la sociedad liberal paradójicamente les está diciendo lo que deben hacer, cómo deben comer y en qué deben creer para merecer respeto. Pero esa no puede ser la única causa.

Los premios nobel de economía Kahneman y Thaler mostraron que las decisiones económicas de los individuos son poco racionales. Otros psicólogos morales postulan también que la intuición precede el acto racional. Ya Hume en el siglo XVIII decía que en el cerebro partisano los procesos emocionales e intuitivos gobiernan el show y el razonamiento solo es llamado a servir cuando hay necesidad de justificar la conclusión deseada.

Posiblemente de eso se deriva el gran rédito que da en política crear conspiraciones y agrandar enemigos para promover la indignación y el odio. El político astuto no tiene que esforzarse mucho en refutar argumentos, le conviene más afirmar que sus contradictores no existen, o que si existen no son quienes dicen ser ni piensan como dicen pensar. En realidad no hay contradictores, solo enemigos.

Trabajos modernos señalan que ni siquiera la inteligencia es un factor que puede definir la toma de buenas decisiones. Un estudio reciente en Estados Unidos mostraba que cuanto mayor era el coeficiente intelectual en un grupo de republicanos y demócratas, más alejadas estaban las soluciones que ofrecían a un problema de economía. La inteligencia no los acercaba a un consenso lógico basado en hechos, sino que los ayudaba a inventar mejores argumentos para reforzar creencias previas. Los autores decían que la conciencia actúa como si fuera una “secretaría de presidencia” cuya labor consiste en buscar argumentos que parezcan plausibles para justificar decisiones ya tomadas.

Un experimento reciente de un grupo de psiconeurólogos medía en voluntarios la excitación que produce en regiones del cerebro el relato de un hecho que hace quedar mal a su político preferido; y a continuación, lo que pasaba cuando se les presentaba una explicación que liberaba al político de culpas. Esa explicación les producía una excitación en las zonas del cerebro que definen el placer. Oír la explicación que restauraba la imagen de su político les producía una verdadera explosión de dopamina, una sensación física de placer.

No puede uno dejar de preguntarse si la irracionalidad es un destino inexorable, si no hay salida diferente para un político decente que apelar a la pasión. El psicólogo Jonathan Haidt explica en forma sencilla la asimetría en la valoración de opiniones propias y ajenas. Cuando le cuentan a uno algo bueno de su grupo, la pregunta que surge es ‘si se puede creer’. La respuesta obvia es que sí. ¿Por qué no se va a poder? Si le cuentan algo bueno del grupo opositor, la pregunta espontánea es ‘si debe creerlo’. En ese caso la respuesta es no, ¿por qué debe creer?

Tal vez para quienes queremos promover el voto racional, a pesar de todo, la estrategia sea tratar de que la gente invierta esas preguntas. A lo que dice nuestro grupo que preguntemos si debemos creer y a lo que dicen los otros si podemos creer. De pronto esa inversión genera un margen de duda y autocrítica con nuestras ideas y uno de desapasionamiento con las ideas de los otros.

Moisés Wasserman@mwassermannl

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.