Petrarca, la peste y los astrólogos

Petrarca, la peste y los astrólogos

Desde siempre ha habido pandemias, son naturales e inevitables. Muchos autores las han descrito.

30 de julio 2020 , 09:25 p.m.

Se dice que nunca había habido un evento como la actual pandemia. Es cierto, porque no existen en la historia eventos idénticos. Cada hecho se produce en circunstancias diferentes. Vista así, la afirmación es una verdad de Perogrullo, totalmente inútil para explicar lo que pasa.

Lo que no se puede decir es que no hayamos vivido nunca una pandemia. Las ha habido desde siempre, son naturales e inevitables. Muchos autores, desde la antigüedad, las han descrito. Se podría armar una verdadera especialidad universitaria en literatura de pandemias. Una de las figuras descollantes que dedicaron parte de su vida a describir una fue el poeta, filósofo y filólogo Francesco
Petrarca. Amigo de Giovanni Boccaccio, quien relató en el 'Decamerón' las historias que contaban siete mujeres y tres hombres jóvenes que se escondían de la peste. Los dos fueron contemporáneos de Geoffrey Chaucer, quien, cuando la misma pandemia llegó a Inglaterra, escribió los 'Cuentos de Canterbury', con un esquema parecido al del 'Decamerón'. Las dos obras son clásicos de la literatura universal. Usando el escenario de la pandemia, describen la naturaleza humana con su complejidad y su riqueza.

Petrarca, quien se definía a sí mismo como “vagabundo”, viajó por Italia durante 25 años, a veces refugiándose de la peste en el campo, otras metiéndose en la boca del lobo en las ciudades infestadas porque, en sus palabras, “a veces huyendo de la muerte, se huye hacia la muerte”. Escribió volúmenes de cartas, algunas juveniles, las últimas ya cercano a los setenta años, en las que dialogaba con amigos y personajes que iban cayendo, poco a poco, víctimas de la peste. Es conocida su carta a Laura, una mujer con la que tuvo amores y que murió también de peste; le contó el suceso, en una carta, a su amigo el poeta Sennuccio del Bene, quien no le respondió porque también él había muerto. Petrarca le confiesa a Boccaccio su temor de ser él el mensajero que llevaba la muerte. Anotaba los nombres de amigos y personajes que morían en una edición bella de Virgilio que hoy se encuentra en el Museo Ambrosiano de Milán.

En 1361 inició sus 'Cartas de vejez', poco después de que un hijo de 25 años murió (de peste). Hace un ataque furibundo a los astrólogos de la época. Le dice a Boccaccio que “nadie sabe qué pasa en los cielos, y ellos imprudentemente dicen saberlo”. Dice también que la pandemia se volvió para ellos una oportunidad de negocio y que venden palabras de consuelo a “oídos sedientos”. Los astrólogos de nuestros días tuvieron este año el mayor descalabro imaginable. Ninguno fue capaz de vaticinar el pasado diciembre lo que ya se estaba dando. Dicen que un niño iluminado en la India sí lo predijo, pero no es cierto. Predijo una epidemia, pero no acertó ni en el lugar, ni en el tiempo ni en otros pequeños detalles como que, según él, se daría en medio de la tercera guerra mundial.

Con los médicos Petrarca fue un poco más benevolente, pero afirmó que no tenían ni idea sobre qué era lo que estaba pasando. En verdad acertó en los dos casos. Los astrólogos hacían un negocio de la angustia, los médicos no entendían la peste. Mientras las ratas y las pulgas se multiplicaban sin límites, transmitiendo la bacteria Yersinia pestis, ellos trataban de evitar el “aire impuro”.

Hoy sabemos qué sucede, y se desarrollan curas y vacunas. En el siglo VI, el papa Gregorio I (san Gregorio), sucesor de Pelagio II, quien murió de peste, organizó una inmensa procesión. Dice la leyenda que, al final, un coro de ángeles le avisó que sus ruegos habían sido escuchados (solo temporalmente, porque la plaga continuó, intermitentemente, diez siglos más). El papa Francisco rezó, en una plaza totalmente vacía, y le pidió a Dios que inspirara a los científicos.

Moisés Wasserman@mwassermannl

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