Chernóbil y la verdad

Chernóbil y la verdad

No se debe renunciar a la verdad por conveniencia o por la necesidad de impulsar una política.

25 de julio 2019 , 07:00 p.m.

En mayo pasado, las compañías HBO, de Estados Unidos, y Sky, de Inglaterra, transmitieron una miniserie de cinco capítulos sobre la catástrofe de Chernóbil. Desde los libros de la nobel Svetlana Alexándrovna Alexeiévich no se había presentado la tragedia con tanto realismo. La serie tuvo una muy gran audiencia. Según los conocedores, tanto las explicaciones técnicas como las descripciones del comportamiento de la gente corresponden a lo que realmente sucedió. Hay un solo personaje ficticio, la física nuclear Ulana Khomyuk, que reemplazó (por motivos cinematográficos) a un equipo de científicos que acompañó al ingeniero nuclear Valery Leganov durante la contención y reparación de la catástrofe.

El 26 de abril de 1986, en la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, al norte de Ucrania y a unos 17 kilómetros de Bielorrusia, sucedió una fuerte explosión, seguida de un incendio. Algunos vecinos se acercaron a ver el espectáculo; los niños jugaban con la ceniza, que caía como nieve. Acababa de ocurrir, posiblemente, el peor desastre ambiental de la historia. La cantidad de material radiactivo liberado a la tierra y a la atmósfera fue unas 500 veces lo que se liberó con la bomba de Hiroshima. Tuvieron que ser evacuadas de urgencia 116.000 personas, que nunca pudieron regresar. Más de 600.000 trabajadores participaron durante meses en labores de aislamiento del reactor y reparación del daño en el territorio. Un área con un radio de 30 kilómetros alrededor del reactor fue aislada, y seguirá así por mucho tiempo más. Hace dos años fue necesario construir un nuevo sarcófago para cubrir todo el reactor. Lo hizo una compañía francesa, con un costo de 1.500 millones de euros aportados por 28 países. Solo va a durar 100 años.

Las cosas pudieron ser más graves aún. La serie muestra el trabajo heroico de ‘robots humanos’ que con exposiciones no mayores de 90 segundos limpiaron el techo del material altamente radioactivo, y de buzos que lograron evacuar el agua, que hubiera podido causar una explosión mayor, contaminando buena parte de Europa central y occidental.

Hay hechos cuyo contenido de verdad es definido por la ciencia. Cuando sobre ellos se impone una opinión, ‘la que yo pre fiero’, se cometen errores, a veces se generan tragedias

La catástrofe fue originada por una prueba de resistencia muy mal llevada, por la terca arrogancia de un ingeniero jefe y la obediencia temerosa de sus subordinados. Además, por un ‘ahorro’ en el diseño de las barras enfriadoras, el cual hizo que el sistema de apagado de emergencia no funcionara y actuara, al contrario, como acelerador del calentamiento.

Un problema grave fue el intento de encubrimiento. No les avisaron a sus ciudadanos ni a los países vecinos, porque el poder de la Unión Soviética radicaba en la percepción que los otros tenían de ese poder, y eso no se podía poner en duda. Había que tratar de tapar. Pero los contadores Geiger no reciben órdenes ni son sensibles a las necesidades políticas, y empezaron a sonar en los países escandinavos, en Inglaterra y, finalmente, en toda Europa, en América y hasta en Japón.

La falla técnica fue revelada al mundo por Leganov (con enorme costo personal), y gracias a eso se corrigió en los otros reactores soviéticos de esa clase. Khomyuk, quien en la serie representa a un grupo de científicos, descubrió la falla. Su charla con un alto burócrata es dramática. Él le dice que le informaron que ya no hay problema. Ella le asegura que sí lo hay y que es muy grave. El burócrata (quien antes había dirigido una fábrica de zapatos) corta la conversación con la física nuclear diciendo: “Pues yo prefiero mi opinión a la suya”.

El mensaje es que no se debe renunciar a la verdad por conveniencia o por la necesidad de impulsar una política. Hay hechos cuyo contenido de verdad es definido por la ciencia. Cuando sobre ellos se impone una opinión, ‘la que yo pre fiero’, se cometen errores, a veces se generan tragedias.

@mwassermannl

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