¿Cuál es el lugar más peligroso del mundo? Washington

¿Cuál es el lugar más peligroso del mundo? Washington

El presidente que se presentó como maestro en negociar y perpetuo ganador no ha hecho sino perder.

19 de octubre 2019 , 11:21 p.m.

Los organismos de inteligencia suelen preparar listas de los lugares más peligrosos del mundo. Cachemira, por ejemplo, siempre aparece en esas listas. Es un territorio fronterizo que se disputan India, Pakistán y China y ya ha sido motivo de conflictos armados. Siria, otro de los lugares peligrosos, también ilustra cómo conflictos locales que arrecian terminan afectando toda una región, y más allá. En estos días vemos cómo Turquía aprovecha las nuevas circunstancias internacionales para conquistar nuevos territorios, alterar fronteras y someter a los kurdos.

La península arábiga, el golfo Pérsico, los países del norte del Cáucaso o la península coreana son algunos de los lugares en donde conflictos locales o binacionales tienen el potencial de internacionalizarse.

Pero hoy, sin duda alguna, el epicentro desde el cual se irradian graves amenazas a la estabilidad mundial es... Washington. Y más precisamente, la Casa Blanca. El presidente que se nos presentó como un maestro en el arte de negociar y un perpetuo ganador no ha hecho sino perder y dejar que los dictadores más infames de nuestro tiempo lo manipulen.

Su nuevo amigo, el sangriento dictador de Corea del Norte, le hizo creer que estaba dispuesto a desmantelar su arsenal nuclear a cambio de que Washington le quitase las sanciones. Mientras tanto, el tirano coreano ha seguido probando sus bombas nucleares y los misiles de largo alcance que las llevan. El otro amigo de Trump, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, lo persuadió de que retirara las tropas estadounidenses de Siria, permitiera que fuerzas turcas invadiesen el norte de ese país y ‘neutralizaran’ las milicias kurdas. No le importó a Trump el decisivo rol que jugaron los kurdos en la feroz lucha contra el Estado Islámico. La concesión que Trump le hizo a su amigo turco le está costando caro dentro y fuera de su país.

De hecho, haber permitido la aventura bélica de Erdogan logró lo que hasta ahora había sido imposible: que los republicanos en el Congreso votasen abrumadoramente junto con los diputados demócratas que critican una decisión del presidente. También es evidente que el presidente Trump se siente más cómodo con su otro mejor amigo, Vladimir Putin, que con el Congreso de su país. La última evidencia de esto fue su decisión de vetar una resolución propuesta por la Unión Europea condenando a Turquía por su invasión a Siria. ¿El otro país que vetó la resolución? Rusia. T

Trump tampoco ha tenido mucho éxito con su guerra comercial contra China, con la decisión de retirar a EE. UU. del acuerdo nuclear con Irán, con el manejo de la crisis entre Arabia Saudita y sus vecinos, en las negociaciones con los talibanes, sus relaciones con sus aliados europeos y, por supuesto, con el intento de poner la política internacional de EE. UU. al servicio de sus intereses personales, tanto electorales como comerciales. En general, la pérdida de poder e influencia de EE. UU. en el mundo producida por las actuaciones de Trump pasará a la historia como uno de los más devastadores autogoles geopolíticos.

Pero, a pesar de lo grave que es la inestabilidad que ha provocado Trump en el mundo, el mayor peligro que hoy emana de la Casa Blanca no es internacional, es interno. Cada vez con más audacia y agresividad, el presidente está poniendo a prueba la Constitución y las normas de las cuales depende la democracia estadounidense. Trump ha retado al Congreso, negándoles a los diputados su derecho constitucional a obtener documentos o a ordenar la comparecencia de funcionarios públicos o ciudadanos que tienen información relevante. Los grotescos ataques del presidente a los políticos de la oposición, contra personas que trabajaron con él y terminaron repudiándolo, contra los medios de comunicación y sus periodistas, son constantes y crecientes. Estos no son simples excesos verbales de un político histriónico, son peligrosas conductas antidemocráticas.

Es obvio que Donald Trump no siente mayor reverencia por las leyes y que Estados Unidos va a depender de sus instituciones y sus líderes para preservar su democracia. Es mucho lo que está en juego.

Una fuerte democracia estadounidense no solo beneficia a ese país, sino también al resto del mundo. Por eso, los intentos de minarla que hoy vemos en Washington hacen de esa ciudad el lugar más peligroso del mundo.

MOISÉS NAÍM

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