Humberto Ak’abal

Humberto Ak’abal

A los 67 años fallece el poeta de origen maya k’iche’, heredero directo del canto del ‘Popol Vuh’.

06 de febrero 2019 , 07:00 p.m.

¿Qué fue lo último que hiciste, Humberto? El pasado lunes 28 de enero recogiste lo que te quedaba de vida y te fuiste de rebote en rebote, por los barrancos de Momostenango, hacia lo que no tiene medida. Así no más. Nos dejaste medio vivos y entraste en el adiós, sin levantar la mano del hasta nunca. Solo dejaste el eco del pájaro klis, klis, klis…

Ahora, que partiste, tu voz queda en el recuerdo, allí, en los umbrales del tiempo que compartimos entre música, silencios, olvidos y ella, la Palabra: que se obstina en ahondarse en la vida…

Entonces, Ak’abal, todo esto, tan considerablemente grande… todo lo emprendido, lo esencial, lo fundamental, ¡lo que es la vida misma!… se ha ido, de repente; por la orillita del pueblo, así… en un descuido de la tarde, en un tris después de la siesta, en un parpadeo dominical… ahh, en un tropezón intestinal… y, claro, en una torpeza médica… de esas ‘latinoamericadas’, ‘aprendizajes’ de mecánica biológica con nuestros únicos cuerpos.

Pero, ahh, sí… seguro responderías:

—“Bah, así ha de ser. Al final, Gucumatz y Tepeu nos hicieron con la arcilla del maíz… y nos deshacemos en medio de una indigestión”.

El maravilloso milagro de ser la vida, encarna lo simple y lo vano.

Ak’abal, irrepetible viviente cantor… que susurrabas a la madrugada, empinado en los acantilados de Los Cuchumatanes y soñabas dormir en los intersticios del Tikal… y recorrer todo el Sacbej (el camino blanco) de las ciudades perdidas mayas. Solo dejaste el eco del pájaro chowix, chowix, chowix…

Todo eso y el Todo… lo serio del mundo, lo determinante… estar vivo y tocar la gran Ceiba de tres mil años… lo trascendental… la llama invisible del ombligo… todo eso esfumado en un soplo… todo hacia el ineludible retorno del olvido (esa dimensión en donde se reinicia la vida con otros nombres); pero desde el fondo de esa invencible vulnerabilidad que te ha llevado hacia lo innombrable surge la antigua sonrisa de las nuevas auroras entre los asombrados ‘ak’abaleros’ que te sobreviven, asidos a una de tus lanzas: “Después de hoy comenzará la distancia”.

Muchos sentimos que es una distancia hacia dentro, necesaria para apreciar lo más lejano, como cuando caminabas al revés y llegabas un poco antes de la desmemoria. Solo dejaste el eco del pájaro tulul, tulul, tulul…

Sencillamente… el guerrero-poeta del mito y la metáfora, en una hora de rutina, dijo: “Me siento mal…”, y descendió del árbol-poema en el que habitaba, desapareciendo en sus raíces. Ahora entiendo los temblores de tierra de ese día en el trópico… de esta manera me llega a la lengua tu poema del relámpago: A veces / el cielo se asusta / de tanta oscuridad. Un relampagazo / para ver si estamos / aquí abajo. Para su sorpresa / acá estamos confiados / en que el cielo sigue arriba.

¡Buen camino hacia lo insondable, animalero!

Solo nos dejaste el eco del pájaro tuqumux, tukumux, tukumux…

amerindia@hotmail.com

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