Seis meses después

Seis meses después

Un gobierno desconectado del pueblo sumado a la pandemia empeora la sensación de desprotección.

14 de septiembre 2020 , 12:32 a. m.

Cuando todo esto comenzó, Rodrigo, mi hijo de tres años, preguntaba cada mañana: “¿Mamá, ya se fue el virus?”. Entonces nadie imaginaba que la pandemia se convertiría en una prolongada incertidumbre mezclada con desempleo, violencia doméstica, crisis económica, abusos policiales, así como un renacer virulento de la protesta social, los disturbios y el enfrentamiento, tanto en la calle como en los estrados políticos.

Diez civiles muertos en la ciudad de Bogotá, 68 CAI destruidos en varias capitales, seis estaciones de policía destrozadas, más de 200 personas heridas, 72 por arma de fuego, son la noticia de los últimos cuatro días. Las imágenes de la televisión también mostraron 14 buses de TransMilenio destruidos, 120 dañados y pérdidas para el sistema de transporte por 14.000 millones de pesos.

En febrero podíamos mirar a la gente a la cara y verla sin tener que imaginar los rasgos ocultos detrás de una mascarilla. Los seres humanos no representábamos un peligro para todos los demás, íbamos a cine, cenábamos en casa de amigos, y las protestas permitían canalizar el descontento con un gobierno que se ha ido radicalizando a la derecha. Desde entonces pasaron seis meses que parecen una vida entera.

Sumada a la tensión vital que ha generado esta pandemia, la sensación de que estamos en manos de una administración desconectada de los ciudadanos e incapaz de entender la frustración colectiva empeora el sentimiento de desprotección y ansiedad. Me resulta inverosímil que después de lo sucedido, Iván Duque salga a pronunciarse en defensa de la institución policial, sin reconocer la urgencia de una reforma estructural. En lugar de aceptar el sufrimiento injustificado causado por las autoridades estatales, la respuesta brilla por su falta de compasión hacia las víctimas y sus familias.

Qué insensible e inoportuno su llamado a respaldar a la Policía luego de hacerse pública la información sobre el uso de armas de fuego por agentes uniformados que desataron la tragedia ocurrida los días 9 y 10 de septiembre.

Qué diferencia con la Claudia López (digo la, porque hay muchas) que grabó un video al borde del llanto en el que habló de lo mucho que lamentaba las pérdidas de vidas, así como los destrozos causados a Bogotá tras los lamentables hechos de días pasados. Destrozos, valga decirlo, cometidos a manos de vándalos y delincuentes, en su mayoría, pues los civiles que protestamos nunca hemos ido a incinerar un CAI ni a derribar o quemar las estaciones de buses de manera coordinada. Pero el énfasis de la alcaldesa ayer en el acto público de perdón y reconciliación que se llevó a cabo en la plaza de Bolívar fue en honor a las víctimas, no para señalar culpables, cuando estamos en pleno duelo.

El Ejecutivo mucho ha hablado sobre quiénes son los culpables de los daños, entre los que se ha mencionado a disidentes de las Farc y al Eln, pero poco ha aceptado la necesidad de llevar a cabo una transformación estructural de una organización estatal que ha estado cometiendo abusos de manera persistente como es la Policía Nacional.

Más allá de si unos u otros están o no detrás de los actos vandálicos cometidos en la ciudad, el máximo gobernante de un país en crisis y adolorido podría expresar algo de compasión, conectarse con el dolor que sentimos todos, en lugar de sostenerse inamovible en un relato único donde solo hay un culpable y las instituciones del Estado no pueden ser sometidas a escrutinio alguno.

Es apenas comprensible que el país esté de luto. Ignorarlo solo contribuye a incrementar la ira y la desesperanza de quienes vemos en esa actitud la negación de un daño irreparable. Después de lo ocurrido, el Presidente no ha ofrecido un discurso para todos, sino solo para quienes votaron por él. En estos momentos, en la hoguera de un país polarizado y violento, no es claro si el primer mandatario pretende apagar el fuego o atizarlo.

MELBA ESCOBAR
En Twitter: @melbaes

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