La cena está servida

La cena está servida

La política de EE. UU. es hoy una desgracia que comienza a incidir sobre decisiones de otros países.

12 de octubre 2020 , 01:14 a. m.

El bufón que vive en la Casa Blanca, negando la gravedad del covid-19 en un país donde un estadounidense murió por minuto durante el pico de la pandemia, es la prueba viviente de que “la tierra de las oportunidades” es casi un espejismo.

Si bien le debemos mucho a la nación que inspiró al resto del mundo por la defensa de las libertades y la democracia, que se hizo de inmigrantes, que permitió que millones de personas consiguieran un buen nivel de vida para ellos y sus familias, que supo combatir tantas enfermedades, liderar el cambio tecnológico, generar millones de empleos, y que todavía se jacta de tener las mejores universidades del mundo, hoy ese relato de país se parece más a un cuento chino (nunca mejor dicho) que a un hecho demostrable.

Y no es para menos. Porque el ‘sueño americano’ hace tiempo pasó a convertirse en pesadilla de millones. Quizá los mismos millones que votaron por Trump y aspiran a reelegirlo el próximo 3 de noviembre. Montado sobre los hombros de quienes padecen la vergonzosa desigualdad de un país en donde tres ciudadanos tienen la riqueza de 160 millones, el magnate agita la bandera de la frustración con su patanería de matón.

Sin embargo, el ‘vengador’ de los frustrados pertenece a la casta de sus opresores. He ahí la paradoja. Pero esto, por alguna misteriosa razón, no parece incidir sobre el electorado. ¿Entonces dónde está la trampa? ¿Cómo ocurre que “el país más rico del mundo” sea hoy un territorio donde un CEO gana hasta 400 veces más que sus empleados? La precarización de las condiciones de vida de la mayoría de los estadounidenses los ha llevado a idealizar el pasado. Un pasado en el que, según Trump, no había mexicanos, quienes, en sus palabras, “solo nos mandan drogas, crimen y violadores”.

El presidente que grita ante los medios “regresen de donde vinieron” es el mismo que ha afirmado que “la mejor parte de toda película es cuando las mujeres se callan”. El macho vengador, el ‘bully’, el que reivindica las vías de hecho, el que no censura la “supremacía blanca” es el mismo que se aprovecha del resentimiento para hacerse elegir y así mantener el capitalismo caníbal que lo hizo famoso por su fama y ostentación.

Estados Unidos tiene hoy cinco veces más muertes por causa del coronavirus que el promedio global. Entre tanto, su mandatario se ríe de las víctimas al negar la gravedad de una pandemia que ha puesto al mundo entero en función de buscar salidas de contención y prevención, al tiempo que ha golpeado la economía a niveles descarnados.

El otro presidente que ha sabido conquistar el resentimiento de un pueblo para hacerse elegir es el también multimillonario derechista Jair Bolsonaro. Otro canalla que, como su homólogo Donald Trump, se expresa a favor de la tortura, denigra de las mujeres, discrimina a las minorías y agrede a los pobres. Estamos hablando de las dos naciones más pobladas de América: Estados Unidos y Brasil.

Cabe entonces preguntarse: ¿cuál es el devenir de América cuando el país que ha sido modelo y referente está en decadencia? ¿O existe acaso otra manera de entender lo que sucede en un territorio donde son más quienes se inclinan a favor de construir un muro para negarles la entrada a los migrantes que a apoyar un sistema de salud para los más necesitados?

La política de Estados Unidos es hoy una desgracia global que ya comienza a incidir sobre las decisiones de otros países. Ojalá no sigamos el ejemplo de sacarles tapete rojo a sociópatas con ansias de poder como Mr. Trump, quien desató la fórmula perfecta para capitalizar la rabia del electorado en un mundo hoy bastante más desigual e inestable hoy que hace seis meses. La cena está servida para que los tiranos del mundo celebren su banquete. Nos queda la democracia para que sea una decisión de todos negarles la posibilidad de ocupar un puesto en la mesa.

MELBA ESCOBAR
En Twitter: @melbaes

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