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Colombia, al diván

Colombia, al diván

La familia Madrigal me hizo pensar en mi propia familia. Acaso en cualquier familia colombiana.

05 de diciembre 2021 , 10:18 p. m.

Vi la película ‘Encanto’, que podría describirse como la interpretación de Disney sobre Colombia. Los primeros minutos, el arranque con los desplazados, la casa cafetera, las arepas, marimbas, yipaos y palenqueras, todo ese revuelto de regiones, ritmos, vestimentas y culturas me iba indigestando.

Pasé la primera media hora tensa, como haciendo fuerza. Mis hijos parecían encantados, yo no quería aguarles la fiesta. Y no tuve que hacerlo. Porque con el progreso de la historia, mi incredulidad fue cediéndoles lugar a los buenos augurios. Las mariposas amarillas sobrevolando la mágica casona montada entre montañas a la que llegó la familia Madrigal desplazada por la violencia me hizo pensar en mi propia familia. Acaso en cualquier familia colombiana.

La casa, tanto como la historia, está cargada de referencias macondianas, música de Carlos Vives, un tigre y un chigüiro, una lora, una guacamaya, una iguana. Mucho de cliché, puede ser, pero tanto de cierto. Como me dijo un amigo alguna vez: “Si los estereotipos funcionan es porque existen”. Y va a uno a ver y sí. Existen casas que hablan, como tíos solitarios con dones adivinatorios, mujeres de fuerza extraordinaria y dones milagrosos sobre los que se han fundado pueblos enteros.

Existen también los lazos de familia como una fuerza sobrenatural capaz de sacarnos al otro lado del río cuando todo se hunde. La familia ha sido en Colombia la cuerda que sirve para salvarnos, pero también la soga que aprieta y asfixia. ¿Cuánto hay de camisa de fuerza en las tradiciones? ¿En nuestras creencias? ¿Cuánto de exigencia tribal en esa suerte de inconsciente colectivo que compartimos como comunidad, como nación?

Hacia la mitad de la película no pensaba en nada de esto. Solo disfrutaba una historia que me pareció bella entonces, lúcida después. Pienso que acaso uno de sus mayores aciertos es la mirada de afuera. Que venga alguien a interpretarnos, a descifrarnos, como hace un terapeuta al llevarnos al diván y escucharnos con los ojos bien abiertos para fijarse en todo cuanto callamos mientras no cerramos la boca.

Los Madrigal han sido bendecidos con un don único. Son seres excepcionales. En esta familia que es toda Colombia, algunos visten de ruana, usan mochila wayú o sombrero vueltiao. Todo está ahí, junto y revuelto, en un país que a menudo no parece tener mucho en común si nos vamos del valle del Cocora a Bogotá o a Cartagena. Como en la realidad.

En esta familia de personajes extraordinarios, Mirabel, apenas una niña, sufre por no tener un don como sus hermanas, como todos los demás. La niña sin dones ve cómo se resquebraja la casa, pero su abuela Alma, la gran matrona, fundadora del pueblo, nada quiere oír al respecto. Más bien la rechaza por traer la desgracia con sus oscuros presagios, tal como hiciera el tío Bruno años atrás.

Ya cuando la casa se viene abajo, la misma Mirabel comprende que mientras todos ponían la mirada y el corazón en la casa y en sus dones, se olvidaron de vivir en comunidad. La niña de grandes anteojos, compasiva, empática, siempre atenta a todos los demás, es despreciada por la abuela Alma por no brillar como los otros. No es una belleza de otro mundo, tampoco tiene el don de hablar con los animales ni una fuerza sobrenatural. O eso se creen. Porque Mirabel es en realidad quien logra recordarles a su familia y a su pueblo que nada está perdido mientras sigan juntos. Y juntos es como tienen que reconstruir la casa, dejando a un lado sus intereses personales, sus rabias, sus miedos, sus celos y sus necesidades.

Pertinente la llegada de esta historia. Tan necesaria en un país donde los grandes líderes llamados a representarnos parecen atrapados en mezquinas luchas de poder, rencillas escolares y competencias que ponen sus egos por encima del bien común. ¿Por dónde andará Mirabel ahora que tanto la necesitamos?

MELBA ESCOBAR
En Twitter: @melbaes

(Lea todas las columnas de Melba Escobar en EL TIEMPO aquí).

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