Rebelión juvenil

Rebelión juvenil

Cuando creíamos que la nueva generación se desentendía de la política, surge esta rebelión juvenil.

08 de diciembre 2019 , 12:31 a.m.

A mediados de noviembre, decenas de miles de iraníes –en su mayoría jóvenes– se lanzaron a las calles para marchar contra el gobierno islamista de los ayatolas, que, en sus 40 años en el poder, nunca había experimentado la protesta popular en plazas y avenidas. Desde el inicio de las manifestaciones en decenas de ciudades iraníes, 140 personas han muerto y más de 7.000 han sido detenidas.

Las protestas han tenido un alto contenido de violencia, y la represión ha sido sangrienta. Los ayatolas bloquearon internet y desconectaron a 80 millones de iraníes por cerca de tres días, para evitar que las imágenes y noticias salieran al exterior y que los líderes pudiesen convocar las protestas por las redes sociales. La chispa que encendió la rebelión fue un alza del combustible de más del 50 por ciento. Muy pronto se sumaron otros motivos como el alto desempleo juvenil, la escasez de libertades y –ojo– la contaminación en ciudades como Teherán, que deja cientos de muertos al año.

Hong Kong, el antiguo protectorado británico cuya soberanía fue traspasada a China en 1997, cuenta –a diferencia de lo que ocurre con el régimen comunista chino de partido único y escasas libertades– con formas democráticas. Pero la injerencia de Pekín se ha hecho sentir sobre el Gobierno de Hong Kong, que impulsó una ley de extradición de hongkoneses a China, lo que desató en junio masivas y violentas manifestaciones, que han durado meses y han sido lideradas por grupos de estudiantes y empleados jóvenes.

La ola de protestas ha cubierto también a Irak, donde cayó el primer ministro; el Líbano, donde dimitió el jefe de gobierno, y Bolivia, donde Evo Morales renunció y huyó del país tras quedar en evidencia que se robó las elecciones para perpetuarse en el poder. En ninguno de estos casos, las protestas han sido estimuladas por la izquierda, como ha ocurrido en Chile y, en parte, en Colombia.

En cada país hay causas específicas y diferenciadas –y bastante manipulación y falsas noticias–, pero también hay elementos en común para tener en cuenta. El experto venezolano Moisés Naím sostiene que el fin del ‘boom’ de las exportaciones de materias primas, incluido el petróleo, ha golpeado las economías del tercer mundo. Aunque eso influye, urge mirar más allá y analizar, en particular, el elemento más característico: la muy alta y muy activa presencia de jóvenes en las movilizaciones. Justo cuando muchos creían que las nuevas generaciones se habían desentendido de la política, ocurre esta rebelión juvenil en varias naciones del globo.

Los jóvenes están sumidos en una profunda desesperanza. Gracias a internet, tienen mucho más acceso a leer y escuchar informaciones, y a mirar fotos y videos, que ninguna generación del pasado. Pero, a la inmensa mayoría, eso los lleva a comprobar que el mundo –como en la novela del peruano Ciro Alegría– es ancho y ajeno, lleno de sueños inalcanzables. Me explicó el otro día un amigo barranquillero: “Los pelaos ven pasar la felicidad en las pantallas de sus teléfonos inteligentes”. Miran los lujos y los éxitos de otros, y comprueban lo lejos que están de ellos.

Pero también comprueban la destrucción del planeta. El cambio climático, la extinción de especies, la destrucción de bosques y la contaminación son los temas que lideran la agenda en medios y redes digitales, y hacen parte de las demandas en las protestas de los jóvenes, no así de los sindicatos, siempre centrados en las peticiones económicas. Los mayores no sufrimos tanto con eso porque, por muchos años que nos queden, no nos tocará la catástrofe que los expertos ven venir. Los jóvenes saben que la sufrirán en carne propia. Y nos culpan por no haberla evitado. Entre las variadas causas de la rebelión juvenil, esta es una de las claves.

MAURICIO VARGAS
mvargaslina@hotmail.com

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