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¿Primavera?

¿Primavera?

¿Terminará ‘la primavera de Colombia’ en un largo y oscuro invierno de pobreza y dictadura?

22 de mayo 2021 , 11:36 p. m.

El constitucionalista Rodrigo Uprimny –brillante jurista bogotano de barba blanca e ideas de izquierda– planteó el lunes, en ‘El País’ de España, que Colombia estaría viviendo “una especie de primavera democrática”. En la entrevista, Uprimny expone los riesgos, pero aun así saluda las protestas –con alguna referencia al vandalismo y ninguna al accionar de las bandas criminales en las marchas– y sugiere que puede venir una democracia callejera de cabildos abiertos regionales.

El término ‘primavera’ viene de las comunas del siglo XIX, pero revivió en 1968 cuando miles se tomaron las calles de Praga para apoyar las reformas del presidente Alexander Dubcek y desmontar así la férrea dictadura comunista impuesta por los soviéticos en Checoeslovaquia (el país se dividió 25 años después en República Checa y Eslovaquia). La Primavera de Praga terminó en la caída del reformista Dubcek y en una violenta represión desatada por la invasión de los tanques rusos que mató toda esperanza durante más de 20 años.

Entre 2010 y 2012, los levantamientos callejeros en Túnez y Egipto, seguidos por protestas en Libia, Siria y media docena más de países del norte de África y Medio Oriente, fue saludada como la Primavera Árabe. Y aunque en unos pocos casos significó leves mejorías democráticas, en Egipto derivó en una nueva dictadura militar; en Libia, en la anarquía, y en Siria, en una guerra fratricida.

En España acaban de celebrar los diez años de las protestas callejeras del 15M (por su fecha inicial, 15 de mayo), una rebelión contra el bipartidismo Psoe-PP y sus corruptelas, y contra las medidas de austeridad tras la crisis económica mundial de entonces. De allí surgió el movimiento de izquierda Podemos, de meteórico ascenso, que luego se estancó y desprestigió. Tras sufrir una paliza en las elecciones de Madrid, su líder, Pablo Iglesias, acaba de renunciar a su cargo en el partido, dijo que se retira de la política y se cortó la coleta que lo hizo famoso, como los viejos toreros al jubilarse. El bipartidismo ha recobrado fuerza y ninguna reforma de importancia, de las demandadas el 15M, se ha abierto camino.

En Chile, las multitudinarias protestas de 2019 terminaron en un acuerdo político para una constituyente que debe redactar una nueva carta y reemplazar así la de tiempos de Pinochet (ya era hora). La Constituyente acaba de ser elegida con triunfo de izquierdistas e independientes, pero con el voto válido de apenas 38 % del padrón, lo que habla del limitado entusiasmo que despierta. En Colombia sabemos lo poco que arregla una nueva constitución.

¿Qué dejan las grandes primaveras callejeras? Desde las protestas estudiantiles de Mayo del 68 en París, las marchas que terminaron en la matanza de Tlatelolco en México ese mismo año, las ya mencionadas primaveras de Praga y Árabe, lo de España y lo de Chile, los logros efectivos se cuentan con los dedos de la mano. En el mejor de los casos, muy excepcionales, algunos cambios culturales y ligeras aperturas democráticas, pero muchas veces la anarquía, la guerra o una dictadura de izquierda o de derecha bajo cuyo imperio las manifestaciones callejeras dejan de ser un derecho.

Basta una mirada a Venezuela: de las protestas de los 90 por la crisis económica y la corrupción, que impulsaron la victoria electoral de Hugo Chávez en 1998, nada bueno quedó. El régimen chavista, promisorio al principio, destruyó la economía, disparó la pobreza por encima del 80 % (el doble de la de Colombia tras la pandemia), encarcela y tortura a los opositores, y acabó con la libertad de prensa. He explicado en pasadas columnas la validez del descontento, en especial de los jóvenes colombianos que viven en la desesperanza por la falta de oportunidades de trabajo. Pero la validez de una protesta no garantiza, por sí sola, un buen resultado. Al revisar las primaveras en el mundo, y comprobar lo poco que arreglan, es inevitable temer que la de Colombia termine en un largo y oscuro invierno.

MAURICIO VARGAS
mvargaslina@hotmail.com

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