Los culpables

Los culpables

Si Santrich aparece ahora en las narices de la Policía o del Ejército, no lo pueden capturar.

06 de julio 2019 , 11:30 p.m.

Escribo sin conocer la suerte del excomandante de las Farc, alias Jesús Santrich, quien completa una semana de haberse esfumado de la zona de concentración de excombatientes en el Cesar, cerca de la frontera con Venezuela. Había llegado días antes, gracias a que la Sala Penal de la Corte Suprema decretó su libertad, tras más de un año detenido por orden de la Fiscalía, que lo pilló en plena negociación de varias toneladas de cocaína con enviados del cartel de Sinaloa, en hechos ocurridos después de la entrada en vigor de los acuerdos de La Habana.

“Era una fuga cantada”, oí repetir a decenas de personas. Y es verdad. A un mafioso como Santrich, expuesto a ser extraditado a Estados Unidos, no se le podía regalar la oportunidad que la Sala Penal le dio con negligente ingenuidad. Puede ser válida la consideración de los magistrados de reconocerle el fuero de congresista y, por esa vía, anular lo actuado por la Fiscalía. Pero era de rigor una captura preventiva hasta que rindiera indagatoria, y no dejarlo libre para que hiciera lo que toda Colombia sabía que iba a hacer: escapar una vez lo citaran a indagatoria.

La culpa de lo ocurrido no es solo de estos magistrados. En el caso Santrich, que afecta de manera muy grave la credibilidad –de por sí muy cuestionada– de los acuerdos de La Habana, la lista de responsables es larga. Comienza con los negociadores del Gobierno en la mesa de La Habana, que aceptaron un acuerdo en los temas judiciales –JEP incluida– pactado por fuera de la mesa en una jugada en la que impuso su criterio el tristemente célebre abogado de las Farc, el español Enrique Santiago.

En su libro ‘Revelaciones al final de una guerra’, el jefe negociador, Humberto de la Calle, así lo reconoce, y cuenta que llegó a renunciar por esa causa. Luego retiró la renuncia. Tampoco renunció el alto comisionado Sergio Jaramillo, a pesar de estar en desacuerdo con esa negociación paralela. En medio del enredo de Santrich, Jaramillo acabó de embarrarla cuando criticó que la DEA y la Fiscalía hubieran pillado al exjefe ‘fariano’ y lo hubiesen videograbado con los de Sinaloa, alegando que le tendieron una trampa: trampa en la que cayó redondo por hampón, algo que, cínico, Jaramillo olvida.

Culpables también, y de qué manera, los magistrados de la JEP. Desde el principio era clara la evidencia: el delito de Santrich fue posterior a la activación de los acuerdos, por lo cual debía perder todos sus beneficios y quedar en manos de la justicia ordinaria. Aun así, la JEP se dedicó a entorpecer el proceso y ordenó, en mayo, una primera libertad, a la que la Fiscalía respondió de inmediato con una nueva captura. Le correspondía a la JEP dejar el caso en manos de la justicia ordinaria y, por su gravedad y la evidente traición de Santrich a los acuerdos, que este mafioso quedara expuesto a la extradición. Pero los recomendados del abogado Santiago en la nómina de la JEP –en nombramientos pactados en esa mesa paralela a la de La Habana– hicieron la tarea y, en algo que se parece mucho a un prevaricato, salvaron a Santrich y, de paso, dañaron en forma grave la credibilidad de los acuerdos.

Lo increíble es que si ahora mismo Santrich aparece en las narices de la Policía o del Ejército, no lo pueden agarrar, pues la orden de captura de la Fiscalía fue anulada por la Sala Penal de la Suprema sin dictar una nueva, como de modo oportuno se lo solicitó el procurador Fernando Carrillo. Es válido criticarle al Gobierno su falta de audacia para impedir que las cosas llegaran hasta aquí, pero, en estricto derecho, hay que decir que ha tenido las manos atadas. El mafioso Santrich está libre y se ha burlado de la ley, de los acuerdos de La Habana y del país entero, y los culpables de ello están a la vista.

MAURICIO VARGAS
mvargaslina@hotmail.com

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