Las cosas de Palacio

Las cosas de Palacio

Como al Gobierno le faltan ritmo e intensidad, esas barrabasadas llenan muy fácil los titulares.

08 de febrero 2020 , 11:24 p.m.

Al escribir estas líneas, el presidente Iván Duque procedía, con algunos nombramientos, a cerrar el largo paréntesis en que se hallaba su gabinete por el anunciado cambio de ministros, para incluir a representantes de otros sectores políticos que no han hecho parte de la coalición de gobierno. Sabidos esos cambios, una cosa está clara: lo que debía resultar refrescante para una administración que ha navegado en las aguas de la impopularidad casi desde su inicio ha terminado causando más desgaste.

Las cosas de Palacio van despacio, repetían los funcionarios de la corte de los reyes de España en el siglo XVIII, para justificar la pachorra de la casa real a la hora de tomar decisiones. Algo de eso ocurre en la Casa de Nariño en estos tiempos, con un agravante: hoy, el mundo va mucho más deprisa, en especial en un país con tantos pendientes como el nuestro.

Después de recibir de los partidos Cambio Radical y ‘la U’ las hojas de vida de algunos ministeriables, el Presidente debió designar a los que le pareciesen mejores, en vez de prolongar las consultas durante semanas, con un doble efecto perverso. Primero, generó en el gabinete una interinidad que paralizó a muchos ministros que dudaban de su continuidad. Y, segundo, envió al público el dañino mensaje de una rebatiña de puestos y burocracia.

Así como me encantó que Duque redujera a mínimos la entrega de cupos indicativos –la famosa ‘mermelada’, esas partidas presupuestales negociadas con los congresistas– y le diera con ello un duro golpe a la corrupción, me pareció comprensible que, para ganar mayorías en el Congreso y asegurar gobernabilidad, el Presidente invitara a otros partidos al gabinete, tal y como sucede en casi todas las democracias. En ese proceso, aparte de ganar gobernabilidad, era importante que los cambios trajeran un impulso renovador. Con la demora se perdió ese efecto, y solo quedó la idea de la repartija burocrática.

Al Gobierno le ocurre con frecuencia. Por la tardanza en reglamentar este tipo de plataformas tecnológicas, Uber se fue del país. Sectores prometedores en generación de riqueza y empleo, como el del cannabis medicinal, no han podido arrancar por la demora en permisos y licencias. Atractivos programas de vivienda social que han generado expectativa entre miles de familias necesitadas quedan frenados por falta de recursos para cubrir los subsidios. Son pequeños ejemplos de una larga lista de asuntos en pausa.

Esa parsimonia promueve que haya intempestivos anuncios de decisiones que el Gobierno aún no ha tomado, como le ocurrió a Alicia Arango –que pasa del Mintrabajo al Mininterior– con el asunto de la contratación por horas. Y eso que ella es de lo mejor del gabinete. Desconcierta la facilidad con que meten la pata otros como la ministra de Ciencia y Tecnología, Mabel Torres, o el comandante del Ejército, general Eduardo Zapateiro, que insultó –sin querer– a las víctimas del peor de los sicarios, alias Popeye, al enviar un mensaje de pésame a la familia del fallecido criminal. Como al Gobierno le faltan ritmo e intensidad, y genera pocas noticias por falta de decisiones, estas barrabasadas llenan los titulares con mayor facilidad.

Menuda tarea tiene por delante el nuevo jefe de comunicaciones de Palacio, Hassan Nassar, en eso de unificar el mensaje del Gobierno: en el Ejecutivo hay pocas decisiones –y se tardan–, y mucha rueda y mucha lengua sueltas. Eso opaca frentes en los que el Gobierno lo está haciendo razonablemente bien. El año que arranca no pinta fácil, en especial porque la economía, donde asomaban signos positivos, va a sufrir las consecuencias del bajísimo crecimiento mundial. Así que el Gobierno, aparte de acertar, tendrá que acelerar, de modo que las cosas de Palacio no vayan tan despacio.

MAURICIO VARGAS
mvargaslina@hotmail.com

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