El centro está ‘out’

El centro está ‘out’

Aunque el centro esté pasado de moda, Duque debe mantener el país lejos de los extremos.

08 de diciembre 2018 , 11:44 p.m.

Con la caída del Muro de Berlín y el derrumbe del comunismo a inicios de la década de los noventa, los más optimistas imaginaron un mundo en el cual, superada la Guerra Fría, los extremismos iban a desaparecer y, así en Oriente como en Occidente, en el norte como en el sur, se impondrían las políticas centristas, reformistas y no revolucionarias, en sociedades de libre mercado con Estados capaces de hacer inversión social para sacar gente de la pobreza.

Algo de eso ocurrió, y en el tercer mundo, entre 1992 y 2007, más de mil millones de personas salieron de la pobreza, en especial en India y China, pero también en Brasil, Chile, Perú y Colombia, hasta que la crisis financiera de 2008 aguó la fiesta y, aparte de generar un retroceso económico y social en casi todo el orbe, despertó una explicable indignación contra los especuladores bancarios y bursátiles que impulsó el populismo de izquierda con una fuerza que no se veía desde los años sesenta.

Tras los atentados del fundamentalismo islámico en Europa y Estados Unidos, que despertaron una oleada anti-inmigrantes, pulularon y se fortalecieron grupos neofascistas en Italia, Francia, Alemania, Austria, el Reino Unido y, claro está, también en las tierras del Tío Sam. A casi tres décadas del derribo del Muro de Berlín, los extremos están de moda y los discursos de centro, ‘out’.

En Estados Unidos gobierna Donald Trump con un discurso racista y chovinista, pero también en contra del libre comercio, que ha encontrado su oposición en una ascendente línea de demócratas socialistas, muchos de los cuales acaban de llegar, con su carga de radicalismo de izquierda, al Capitolio. En Europa, la extrema derecha avanza en el Reino Unido (impulsando el ‘brexit’), Alemania, Austria y los países excomunistas, y también en España, donde el movimiento Vox acaba de sacar un gran resultado en las elecciones de Andalucía. Ni qué decir de Jair Bolsonaro, que acaba de imponerse en Brasil, o del bárbaro Rodrigo Duterte en Filipinas.

La izquierda populista también ha ganado terreno con Podemos en España y los insumisos en Francia, entre otros grupos. Los extremos se alimentan entre sí. El caso de Italia ilustra el drama con un plato de espaguetis con chocolate: la gobiernan una coalición de la Liga Norte, de derecha, y el populismo izquierdoso de 5 Estrellas, ambos enemigos de la Unión Europea.

Por doquier, los que le apuestan al centro andan mal de popularidad: Emmanuel Macron en Francia, Mauricio Macri en Argentina y hasta Angela Merkel, que tras 13 años de gobierno en Alemania no buscará un nuevo período, mientras el PSDB centrista de Fernando Henrique Cardoso, en Brasil, casi desaparece en las elecciones pasadas, así como quedó arrinconado el centrismo en Italia.

Por eso no es de extrañar que a Iván Duque le vaya mal en las encuestas. Le disparan por igual la oposición de izquierda y el uribismo más derechista, mientras el Presidente trata de vender –con timidez y algo de torpeza– su discurso de equidad. Pero el centrismo reformista debe seguir siendo la apuesta de Duque. Poco importa que no sea popular, pues, al fin y al cabo, él no puede buscar la reelección y, por ello mismo, no necesita el 60 % de imagen favorable. Eso sí, tiene que seguir con su política de cero ‘mermelada’ corrupta, aunque eso lo complique en el Congreso.

No es difícil predecir que las insensateces de Trump, Duterte y Bolsonaro, el brexit de los derechistas británicos y el populismo europeo de derecha y de izquierda terminarán fracasando –con un enorme costo económico y social para el mundo–, del mismo modo que fracasó el populismo chavista en Venezuela. Por eso, aunque no gane aplausos, aunque denigren de él a izquierda y derecha, Duque debe mantenerse y mantener a Colombia alejada de los extremos.

MAURICIO VARGAS
mvargaslina@hotmail.com

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