De ‘Santrich’ a Viáfara

De ‘Santrich’ a Viáfara

Si en vez de hacer golazos en la Libertadores hubiese estado en las Farc, no lo extraditarían.

24 de marzo 2019 , 08:26 a.m.

Recuerdo bien aquella noche de julio de 2004, en el estadio Palogrande de Manizales, y ese soberbio zapatazo del mediocampista del Once Caldas Jhon Viáfara: el balón voló 30 metros hasta el ángulo superior del arco de Boca Juniors de Argentina, en un gol que hizo historia. Al final de la noche, el Once se proclamó campeón de la Copa Libertadores, Viáfara fue premiado como el jugador del partido y, meses después, recibió la distinción como el mejor del continente ese año.

Vistió la camiseta de la selección, jugó en España e Inglaterra y se retiró con honores en 2015. Un dramático contraste con lo que le acaba de ocurrir, cuando la Policía lo capturó en Jamundí, Valle del Cauca, por un pedido de extradición de un juez de Texas (Estados Unidos), donde Viáfara es acusado de integrar una red de narcotráfico del sanguinario cartel de Sinaloa, que habría despachado –con la participación del exfutbolista, según la acusación– cuando menos dos toneladas y media de cocaína.

“La cocaína era enviaba en lanchas ‘go fast’ y aviones, lo que se corroboró gracias a dos incautaciones”, detalló el director de la Policía, general Óscar Atehortúa. Las indagaciones contra Viáfara y sus socios incluyen decenas de inmuebles, utilizados por la red para lavar las utilidades producto de la exportación de cocaína.

Las autoridades colombianas decidirán en estos días su extradición, pero solo el juez de Texas resolverá si el brillante jugador, que tanta alegría brindó al fútbol colombiano, es culpable. Si es así, más allá de la enorme tristeza que produce su situación, tendrá que pagar por sus actos.

No sucede así con otros acusados pedidos en extradición. Al artículo 7.° de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, que proclama que los seres humanos somos “todos iguales ante la ley”, le han aparecido gambetas, como las que haría el mejor de los futbolistas. Mientras Jhon Viáfara estaba, al cierre de la edición de esta columna, al borde de ser enviado a una cárcel en Texas para su juicio, el excomandante de las Farc, alias Jesús Santrich, sigue evitando su extradición.

Y eso que lo grabaron, casi un año después de la entrada en vigor de los acuerdos de La Habana, mientras negociaba con gente del cartel de Sinaloa –el mismo de Viáfara– un envío de cocaína no de 2,5 toneladas, como en el caso del exfutbolista, sino de 10. ¿Qué hace la diferencia? Una alegre interpretación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), y de una mayoría de magistrados de la Corte Constitucional, de esos mismos acuerdos.

Los acuerdos prevén con claridad que si un excombatiente vuelve a delinquir después de la entrada en vigor de ese pacto de paz, no tendrá los beneficios de la justicia especial y será procesado por la jurisdicción ordinaria, lo cual incluye que pueda ser extraditado. Pero la JEP y la Corte desconocieron el fuera de juego en que fue pillado ‘Santrich’ con una serie de tesis aventureras, como que el narcotráfico es un delito de ocurrencia continuada, y seguramente ‘Santrich’ estaba metido en él desde antes de los acuerdos, por lo cual no puede considerarse que su reunión con los de Sinaloa fuera un nuevo delito posacuerdos. Qué cinismo.

Lo cierto es que, al menos por ahora, ‘Santrich’ se queda en Colombia y Viáfara quizás vaya para una cárcel en Texas. Y eso que mientras ‘Santrich’ y sus socios de mando en las Farc masacraban, secuestraban, narcotraficaban, reclutaban menores y abusaban de ellos, Viáfara –más allá de los graves delitos de los que ahora se lo acusa– marcaba goles históricos y, con su juego a la vez potente y elegante, llenaba de gloria al equipo de Manizales y al país. Si en vez de eso hubiera estado matando para las Farc, no estaría hoy al borde de la extradición. Qué triste paradoja.

MAURICIO VARGAS
mvargaslina@hotmail.com

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