A usar las reservas

A usar las reservas

Reservas están saludables: 53.000 millones de dólares, una caja de ahorros para graves emergencias.

22 de marzo 2020 , 01:13 a.m.

Termina en Colombia la segunda semana de crisis por el covid-19, enfermedad causada por el llamado coronavirus, con un saldo de infectados comprobados que supera ampliamente la centena y con la gran mayoría de la gente dando ejemplo de disciplina y solidaridad. Mientras tanto, el Gobierno –que más que errar en las decisiones mete siempre la pata en el tono y el lenguaje de su comunicación– y la oposición –en especial Gustavo Petro, empeñado en sacar provecho político aun a costa de incendiar el país– ofrecen un lamentable espectáculo de desunión ante el desastre.

Pero detenerse en esto sería caer muy bajo. Urge pensar más allá de mañana o de la semana que viene. A pesar del alto grado de incertidumbre que rodea la expansión de la pandemia, hay evidencia de su enorme gravedad y de su duración, que contaremos en meses y no solo en semanas. Si en el país el contagio sigue la curva de aumento de naciones que ya enfrentan lo peor, Colombia alcanzará un pico de infección en dos o tres semanas.

De ahí en adelante, puede venir un mes o más de grave crisis sanitaria. Aparte del riesgo de colapso del sistema hospitalario, es fácil imaginar que, hacia finales de abril, las medidas de confinamiento agotarán la paciencia de millones de hogares. En los estratos altos, no parece tan duro recluirse en amplias residencias, con todos los servicios garantizados, con neveras, alacenas y botiquines abarrotados, y con Netflix, videojuegos y otras distracciones a la mano. Pero pedirle lo mismo a la inmensa mayoría de las familias, que habitan viviendas de pocos metros cuadrados –cuando no están hacinadas en inquilinatos– y con el mercado y las medicinas escaseando, es otro cantar.

Millones dependen de trabajos informales o pagados por días y si no salen a la calle, no comen. Otros muchos (meseros de restaurantes cerrados, operarios de plantas que eliminaron turnos, conductores de taxi, Uber y similares) están en sus casas sin percibir ingresos. ¿Acaso van a seguir viendo televisión mientras sus familias se mueren de hambre? Si las medidas de confinamiento se prolongan varias semanas, muchos se van a rebelar y saldrán a buscar dinero y comida por cualquier medio, lícito o ilícito.

En vez de ponerse a pelear por incisos jurídicos con alcaldes y gobernadores (¡ay con los abogados de Palacio!), el Presidente y sus ministros están demorados en preparar medidas de choque social como las que están adoptando en Europa y Estados Unidos. Me refiero, por ejemplo, a entregar dinero de manera directa a las familias para que no les falten la comida ni las medicinas. Es la única forma de evitar que la pandemia se traduzca en una guerra civil por el sustento.

No somos un país rico, pero el Gobierno puede disponer, de manera expedita, de un recurso diseñado justamente para coyunturas tan dramáticas como la que vive el mundo, y que el presidente francés, Emmanuel Macron, definió muy bien: “Esto es una guerra”. Me refiero a las reservas monetarias internacionales que maneja el Banco de la República, la enorme caja de ahorros que el país ha venido engordando por décadas para echarle mano en momentos de catástrofe.

Por suerte, esas reservas están saludables: 53.000 millones de dólares a enero, un 25 por ciento más que en Argentina. Además, hay una línea de crédito flexible ya aprobada por el FMI, por 11.400 millones de dólares, para emergencias. En acuerdo con la junta del banco, el Gobierno podría disponer de una quinta o cuarta parte de esos recursos para darles dinero a quienes dejaron de percibir ingresos, para salvar empresas de la quiebra, para cubrir los recibos no pagos de los servicios, para garantizar que opere la cadena de alimentos y para convertir hoteles vacíos (hay de sobra) en hospitales de emergencia, dotados con el debido equipo médico. Urge actuar.

MAURICIO VARGAS
mvargaslina@hotmail.com

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