Muros y dilemas

Muros y dilemas

Lo de la frontera colombo-venezolana parece más una cortina de humo que una de hierro.

25 de febrero 2019 , 07:00 p.m.

"Hoy es un día casi equivalente a lo que fue la caída del Muro de Berlín”. “La demolición del edificio de Pablo Escobar es derrotar la cultura de la ilegalidad”. Son dos infortunadas declaraciones de Iván Duque Márquez pronunciadas durante la semana pasada. La primera demuestra que en los muchos años que pasó en el BID, poco o nada aprendió de historia. ¿Cómo va a comparar el mierdero que se armó en Cúcuta con la caída del Muro de Berlín? Definitivamente desproporcionado, y deja ver algo de la megalomanía que respira su mesiánico patrón. Lo de la frontera colombo-venezolana parece más una cortina de humo que una de hierro.

Y, hablando del patrón de patrones, la segunda frase citada hace referencia a Escobar, el patrón del mal. Y una vez más me pregunto: ¿qué diablos tiene que ver la demolición de un edificio con la derrota de la cultura de la ilegalidad? Si se destruyeran todos los edificios, casas, conjuntos y apartamentos que las mafias construyeron en Bogotá, Medellín o Cali, tendríamos cientos de peñalosísticos parques sin árboles pero con canchas sintéticas de fútbol. Pero, vuelvo a la pregunta: ¿acaso ello derrotaría la cultura de la ilegalidad? Para acabar con la cultura de la ilegalidad habría que acabar con Colombia, de arriba abajo, pasando por el Congreso, siguiendo con la policía, vadeando por los togados... y sí, también atajando a los vendedores ambulantes. Una guerra con Venezuela podría ser un buen comienzo para lograr este fin.

Y, ya que estamos tan imbuidos en el tema de Venezuela, me pregunto qué habrá pasado entretanto en Colombia. ¿Qué fue de Hidroituango y las aguas arriba y aguas abajo? ¿Habrá renunciado el Fiscal finalmente, tal y como debería haberlo hecho hace rato? ¿Hay novedades sobre Andrés Felipe y el temor de Uribe a que lo extraditen? Todos sabemos que al tipo le iría mejor aquí que allá, pero algo incomoda al señor de El Ubérrimo.

Y regreso al tema de Venezuela, en el que se plantea no un dilema, sino más probablemente un trilema o, seguramente, incluso, un polilema, pues no hay de dónde escoger: no me gustan ni Trump, ni Uribe ni Maduro; ni Putin, debo agregar. Cuatro siniestros personajes en cuyas manos está hacer de la región un caos. Se recomiendan paciencia y sensatez y no caer en el belicismo tan preciado por los gobiernos republicanos y por nuestro presidente eterno.

Sal de la rutina

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