Lo nuestro

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Me alegran los triunfos –y mucho–, pero ¿por qué han de enorgullecerme?

29 de julio 2019 , 07:08 p.m.

Ya lo he dicho, pero en estos momentos de exacerbada exaltación de ‘nuestra’ colombianidad, debo insistir en el tema. En tiempos de humildes triunfos ajenos, se llenan las bocas de periodistas y políticos de babas tricolores. Una semana tenemos héroes de la patria camuflados y la siguiente, héroes de los manubrios y el sillín, del balón o del salto triple. Bien por ellos, me alegran e indudablemente emocionan su entrega y sus talentos. El triunfo de Egan Bernal es, sin lugar a dudas, muy grande, pero cuando se lo apropian periodistas y políticos henchidos de colombianidad, resulta, por decir lo menos, vergonzoso.

¡Claro está que gocé el triunfo de Bernal en el Tour de France! Y los demás de tantos otros. Lo que me molesta es verlos utilizados como cortina de humo en boca de ineptos o corruptos políticos y de incompetentes periodistas encaramados en glorias ajenas. Bien por la familia de Egan y sus allegados, incluso bien por Zipaquirá, por donde también pasaron García Márquez, Camilo Torres, y cuna del ya casi olvidado ‘Zipa’ Efraín Forero. Entiendo que también Petro, ya veremos si enjuaga su boca con este triunfo.

Periodistas muchos y políticos también maman de las glorias de otros, pero le caen muy duro al deportista cuando este cae.

Ya lo dije en anterior columna, palabras más, palabras menos, lo que viene al caso porque mi molestia aumenta. Ahora, de ‘nuestros héroes’ caídos en combate pasamos a nuestros héroes vencedores en combate sobre dos ruedas. Líderes que por extraña razón hacemos descaradamente ‘nuestros’. Ganó nuestra selección, pero cuando pierde, perdió la Selección Colombia, no nuestra. Oro para nuestra Caterine Ibargüen, cuarto puesto para una patinadora colombiana. Nairo es nuestro cuando gana, pero es solo un boyacense cuando pierde.

Nuestros héroes heridos o caídos en combate, pero no hablamos de ‘nuestros’ militares y policías corruptos, son solo policías corruptos, no nuestros.

Y no, no es que yo no tenga mi corazoncito; me emocionan hasta las lágrimas los triunfos de los colombianos en BMX, salto triple, dobles en tenis, vueltas a Francia, España e Italia, patinaje y muchos etcéteras. Periodistas muchos y políticos también maman de las glorias de otros, pero le caen muy duro al deportista cuando este cae. Me alegran los triunfos –y mucho–, pero ¿por qué han de enorgullecerme? ¿Qué tuve que ver yo con esas victorias? ¿Aporté algo a alguna fundación que hubiera promovido algún deporte?

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