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Érase una vez

Érase una vez

Érase una vez un país que enriqueció a pocas manos, manos que asesinaban a quienes no colaboraban.

12 de julio 2021 , 09:25 p. m.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Érase una vez un pueblo que cayó en manos de un personaje con una histórica compleja que todavía no se ha dilucidado. Pues, en sus manos dicho país lleva casi dos décadas. Dos décadas en las que aquel señor no ha dejado de ejercer la “autoridá”.

Érase un país con dos océanos, tres cordilleras, unos gigantescos llanos, más frutas que ningún otro, un Chocó de biodiversidad inigualable y una selva amazónica invaluable. Pero no, el señor solo quería ganadería o, mejor dicho, tierras. Acabar con el parque Tayrona es solo una de sus fechorías.

Un país en el que se dice que algunos de sus antiguos hombres en armas podrían haber participado en la muerte del presidente de Haití. Ese país estaría exportando mercenarios.

Un país, dicen, donde no se cree en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos o, más bien, a sus dirigentes les importa un carajo lo que esta organización tenga por decir.

Érase un país en el que nadie creía en nadie, excepto los seguidores del señor ya mencionado, de oídos sordos y ojos ciegos.

Érase una vez un país que pudo ser país, pero terminó convertido en una finca, con un patrón patrón. Un país cuyos medios de información quedaron en manos de los grupos financieros. Un país en que era más fácil despotricar de un futbolista que hablar mal del señor de los señores. Un país que enriqueció a pocas manos, manos que se dedicaron a asesinar a quienes no colaboraban.

Un país que celebraba terceros puestos en el fútbol y no lloraba sus miles de muertos. Corren rumores de que en dicho país gran cantidad de los funcionarios eran amigos y compañeros de universidad (mediocre por lo demás) del Presidente. Cuentan que en tal lugar, esquina de un subcontinente, mataron a más de seis mil inocentes haciéndolos pasar por guerrilleros como prueba de que el señor estaba ganando la guerra y que unos pájaros negros asesinaban a líderes sociales. En fin, dícese de ese país extraordinariamente rico en biodiversidad y en aguas y pájaros que era habitado por un sinnúmero de personas sin recursos para sobrevivir. En dicho país, en lugar de sembrar y cosechar alimentos, el señor sembró rabia y odio. ¿Será que pronto se reversa este proceso? Ojalá amén (así sea).

Mauricio Pombo

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