El valor de la imperfección

El valor de la imperfección

Desperfectos, mellas, fallas y averías son necesarios y muchas veces inevitables. 

17 de junio 2019 , 08:15 p.m.

El kintsugi (en japonés, carpintería de oro) es una técnica para arreglar fracturas de la cerámica, en las que utiliza oro, plata o platino para enmendar los daños, y hace parte de una filosofía que considera que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, incorporarse; y, además, se hace para embellecer lo hecho y poner de manifiesto su transformación e historia. Una reparación que convierte la imperfección en un arte muchas veces más apreciado que el que no tuviera desperfectos.

He vivido de cerca las enormes dificultades que enfrentan quienes se dedican a la cerámica Rakú, una compleja alquimia en la cual intervienen los cuatro elementos (tierra, fuego, agua y aire) y de la cual resultan piezas únicas. El arduo trabajo que implican los esfuerzos previos, sin saber qué pasará con los colores y otros aspectos de la obra, puede verse afectado por el calor de la cocción, por la tierra o por el agua, necesaria al sacar la pieza, para enfriarla antes de que se destruya.

A miles de kilómetros, en el pueblo indígena navajo, como nos refiere el antropólogo Felipe Paz, “sus mujeres, que son unas renombradas tejedoras desde tiempos prehispánicos, antes de terminar una manta o un abrigo cometen a propósito un pequeño error en su trabajo: una o dos puntadas fuera del orden del tejido, un pequeño toque de color discordante o algo así. Lo que en inglés se llama un flaw”. Se trata, como nos dice Paz, de una “falla”, o mella consciente, que evidencia la imperfección humana. Esto tiene que ver –y no lo dice Paz, pero nos lo sugiere– también con la paz.

Aprender a vivir con ellos enriquece y nos enseña la tolerancia, que, como bien dice Felipe Paz, “es el huequito en la manta de nuestra vida por donde entra el conocimiento”.

Siempre habrá una hendidura gracias a la cual se cuela la luz. O, como mejor lo dice Leonard Cohen, citado por Paz: “There is a crack / A crack in everything / That’s how the light gets in”.

Imperfecciones, desperfectos, mellas, fallas y averías son necesarios y muchas veces inevitables. Aprender a vivir con ellos enriquece y nos enseña la tolerancia, que, como bien dice Felipe Paz, “es el huequito en la manta de nuestra vida por donde entra el conocimiento”.

Nota: entiendo que hay ciertas impurezas (jardines las llaman) en las esmeraldas colombianas, lo que las hace más valiosas.

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