Animalandia

Animalandia

Colombia es un país lleno de ruidos de bestias, donde faltan los buenos aromas.

09 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

La política en Colombia se convirtió en rugidos de ‘leonas’ despelucadas, relinchos de yeguas y caballos equinocciales, aullidos de lobos amenazantes ante cualquier disidencia; mugir de vacuas vacas vacías que además trinan; ladran en Senado y Cámara los unos y los otros como furibundos y cabales canes; barritan gigantescos elefantes de la corrupción; chillan los conejos que les hacen a sus electores los honorables de la patria; maúllan gatos que se mean en el erario; resoplan ballenas, pero no cantan las verdades; rebuznan burros aplaudiendo la guerra, gañen zorros muy vivos que manejan los hilos del poder, gruñen osos que dan oso, braman toros que les ponen cachos a quienes los eligieron; chirrían ciegos murciélagos detrás de sus ‘líderes’, chasquean delfines riéndose de los demás; ululan búhos en las noches en que hacen sus trampas; zurean a gritos las palomas y las atortoladas tórtolas, balan las ovejas del CD y cacarea ad infinitum Marta Lucía; lloran los cocodrilos pillados en sus sobornos y silban infelices las culebras por todas nuestras selvas urbanas.

Y continuando con nuestra animalandia política, he de referirme a los rebaños de seguidores de la Colombia Humana y del Centro Democrático, al enjambre de abejas multicolores que van zumbando de un partido a otro, a la manada de bueyes mansos que votan por un tamal, a las recuas de foristas seguidores de este o aquel, a la piara de abogados tramposos que meticulosamente retrasan fallos, al cardumen de peces mudos que siguen al innombrable mientras los delfines de este último se enriquecen de manera torva, a la ignorante grey de seguidores de cualquiera, sea el que sea.

Balan las ovejas del CD y cacarea ad infinitum Marta Lucía; lloran los cocodrilos pillados en sus sobornos y silban infelices las culebras por todas nuestras selvas urbanas

Colombia es un país de majadas de ovejas que van regalando su lana. Un país lleno de ruidos de bestias donde faltan los buenos aromas, no obstante ser un país de frutas y flores. Pero no, tras los rosales hay risueñas hienas que se burlan de la justicia, buitres carroñeros en altos cargos y muchas ratas en cargos medios. Huele mal.

Los pájaros conservadores de antaño, de la llamada Violencia (que nunca terminó), ahora han renacido como nítida especie: las Águilas Negras. Son los mismos, y como cualquier ave tienen un ala derecha y otra izquierda. Los animales salvajes quieren que les respeten la tierra, los animales políticos la quieren toda para sí.

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