Abogados y políticos

Abogados y políticos

Hay algo que me incomoda en las trampas de los abogados, y ni hablar de los políticos.

04 de noviembre 2019 , 09:51 p.m.

Cartapacios, bolsillos, cartas, botones, amenazas y chantajes. Vuelan carpetas y caen sobre las mesas como silenciosos estruendos. De los bolsillos internos de los sacos salen cartas, y cartas que son, o bien, serias y fundamentadas amenazas, o viles y rastreros chantajes. Y, una y otra vez, los abogados se abotonan (cuando se levantan) o desabotonan (cuando se retiran) sus sacos en caso de que estén atendiendo un caso. 

Extraño ritual, como los toreros cuando se quitan la montera (saludar al público) o se cortan la coleta, algo así como colgar los guayos. Las carpetas (a veces legajadores) pueden contener 30 o más páginas, pero a ellos les basta leer un párrafo para entenderlo todo.

Aparentan pelear por principios, pero en realidad están dispuestos a cualquier trato con tal de ahorrarse unos pesos. Es la imagen que nos da una serie de Netflix que aborda magistralmente el entorno en que se mueven estos poderosos personajes que abundan en Colombia. Se trata de la serie Suits (trajes, ajustes o pleitos, tres acepciones de la palabra en inglés) que, supongo, hacen referencia a la ‘elegante’ vestidura de sus personajes y, ¿por qué no?, a sus muchas veces sórdida investidura. Y, curiosamente, también se trata de ajustes que tienen que ver con ajustar las cuentas, bien para ganar o compartirlas. En cuanto a pleito, ese enfrentamiento o disputa entre dos personas o partes en un juicio, se evidencian los oscuros intereses que siempre hay por detrás.

Entre abogados enemigos o enfrentados, todo se resuelve con arreglos entre ellos que por lo general terminan en: te debo una o me debes una. Es mejor arreglar. Siempre les queda algo por cobrar.

El conocimiento de la ley, más que para servirla cabalmente, les ayuda a encontrar atajos que les favorezcan. Algo así como dominar las rutas del Pacífico caucano para delinquir, guardadas las diferencias. De acuerdo, no todos los abogados son iguales, los hay magníficos. Pero, por algo será, la imagen generalizada es que son turbios y aprovechados.

No sobra decir que no tengo ningún problema jurídico por el momento ni estoy tratando de conseguir ayuda alguna. Pero hay algo que me incomoda en las trampas de los abogados, y ni hablar de los políticos –sin generalizar, pues que los hay buenos, los hay, aunque más bien pocos–.

* * * *

Palabras del día para usar el diccionario: Luquete y lemniscata.

MAURICIO POMBO

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