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No más polarización

No más polarización

Los debates deben ganar altura y hacerse sobre modelos económicos y políticos, sobre experiencias.

12 de enero 2022 , 08:00 p. m.

El domingo 29 de mayo Colombia protagonizará un hito histórico en su proceso político, uno que marcará el rumbo de su economía, su dinámica social y su devenir en el siglo XXI. No recuerdo unas elecciones más determinantes, por las visiones extremas de modelo político y económico que pugnan por llegar al poder, en las que el país se juegue su futuro escogiendo entre la propuesta de izquierda de Gustavo Petro, o una de centro derecha que liderará el candidato que finalmente se defina entre tantas coaliciones.

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Como lo reportó este diario, el abanico de 60 candidatos se redujo a 20 y pronto decantará en unos pocos. El batazo caribe que le asestó ayer Char al candidato Zuluaga no cayó bien en las toldas uribistas, pero recibió respaldo de 3 colegas y refleja bien la dinámica competitiva de la contienda. En el entretanto, al menos otras 3 coaliciones buscan a quien elegir para detener el palpito petrista que se siente ya presidente, varios independientes hacen fila. Pero vamos por partes.

Lo primero, es fundamental detener la polarización con que se fustiga a la sociedad con miras a las elecciones. Colombia tiene un largo rastro de sangre por causa de estas polarizaciones. Así que los debates deben ganar altura y hacerse sobre modelos económicos y políticos, sobre experiencias e ilustración de cómo gobernaría cada cual en el evento de llegar al solio de Bolívar.

El peor caso de palabrería polarizante lo protagoniza nada menos que el alcalde de Medellín, que no ha dudado en señalar de cartel al GEA, intentando quizás dividir para ungir al candidato de su preferencia como salvador de los pobres ante los ricos despiadados, quien, además, intentó desvirtuar la avasalladora votación que busca vetarlo en el ejercicio de su cargo y que la Registraduría dejó en firme. Esos arrestos solo polarizan y son un símil de su estilo de gobierno.

La polarización debe cesar y sustituirse por un debate a la altura de lo que quiere ser Colombia y que con enormes sacrificios ha logrado.

Veremos cómo les responde la sociedad antioqueña a sus palabras y sus actos, pero mientras tanto, no, alcalde, a los empresarios se los respeta, entre otras razones, porque son los verdaderos generadores de riqueza de una nación y no solo a los antioqueños, con los que me declaro del todo solidario, sino a todos, porque no hay empresa, grande o pequeña, que no genere inconmensurables beneficios sociales, económicos y no sea el producto del sudor de muchas frentes al servicio de una causa común.

La polarización debe cesar y sustituirse por un debate a la altura de lo que quiere ser Colombia y que con enormes sacrificios ha logrado. Planteo algunos interrogantes para esos candidatos:

¿Cómo lograr un crecimiento económico sostenido, en el marco de la cuarta revolución, que ponga a Colombia a liderar en al menos alguna de las áreas que prometen? ¿Qué clústeres favorecería, cómo y dónde los establecería para, por ejemplo, acelerar el crecimiento económico en regiones carentes de infraestructura? ¿Cuál es su postura frente al narcotráfico: legalizar, seguir batallando? ¿Cómo distribuir mejor el PIB, para moldear una sociedad más justa?

Me cayó como baldado de agua helada el que las recientes elecciones, de jóvenes por jóvenes, tuvieran apenas un 10 % de presencia electoral. El ‘meimportaunculismo’ se volvió a imponer, pero atención, porque en estas presidenciales están en juego su presente y su futuro. Asómense a Venezuela y confirmen cómo opera el socialismo, el lugar que les da este sistema a los sueños de los jóvenes.

Dice Roberto Pombo que el candidato favorito, salvo dos excepciones notables, Uribe y Santos, no gana la presidencia. Dice María X. Duzán que hay que vencer el miedo que ha definido las pasadas elecciones, pero en realidad Colombia debe decidir, mejor que por un líder, por su modelo económico y político, su equipo de trabajo y sus compromisos, exigibles cuando llegue al poder.

MAURICIO LLOREDA

(Lea todas las columnas de Mauricio Lloreda en EL TIEMPO, aquí)

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