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Testimonio conmovedor de memoria y perdón

Testimonio conmovedor de memoria y perdón

Del otro lado rastrea el secuestro de la madre del cineasta Iván Guarnizo.

14 de octubre 2021 , 08:00 p. m.

En los últimos cinco años hemos visto en las pantallas colombianas varios documentales biográficos de largometraje referidos a mamás en críticas situaciones personales reveladas por sus propios hijos directores. La lista es larga: Clare Weiskopf exploró las heridas dejadas por quien la abandonó en su adolescencia (Amazona); Jorge Botero Botero, tras la recuperación del duelo familiar en Jericó (Después de Norma); Josephine Landertinger Forero viajó a Portugal para intentar traer a casa después de cuarenta años a Lilia, su progenitora (Home: el país de la ilusión), y Daniela Abad Lombana exploró indirectamente el coraje de sus dos abuelas viudas. También, la ficción de Franco Lolli Gómez (Litigante), en donde Letty Gómez actúa un cáncer padecido por ella misma.

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Del otro lado (Iván Guarnizo, Colombia, año 2021). Hablar de dramas familiares y personales después de varios años duele de corazón; filmar o seguirle el rastro a una tragedia nacional como la del secuestro requiere, indudablemente, de coraje; anotar en un diario las penurias soportadas por sus víctimas se constituye en evidencia de la barbarie, y buscar verdades de pesadillas reales ocurridas, hasta entender su perdón, deberá dejar en nosotros, los espectadores, una enseñanza.

Conmovedora primera imagen: la señora Beatriz Echeverry, madre del director, entonces en libertad, con las huellas de un dolor infinito reflejado en su rostro mira a la cámara sin hablar; enseguida, la silla blanca de su alcoba permanece vacía. Quizás el único elemento personal que guardó durante casi dos años secuestrada selva adentro por la guerrilla fue un cuaderno de apuntes, el que su hijo cineasta utilizó en voz off como diario leído e hilo conductor del estremecedor relato de ausencias y privaciones.

Cuando diez años después (Guarnizo Echeverry) vio por televisión la firma del acuerdo de paz con las Farc pensó que algunos de esos guerrilleros pudieron haber sido los captores de su mamá ya fallecida. Entonces, junto con su hermano Papeto, viajaron al Guainía para rastrear las indicaciones geográficas de ríos y caños durante los primeros siete días de cautiverio, al igual que para indagar por el paradero de quien tuvo la misión de custodiarla y evitar a toda costa un desenlace fatal. Porque este relato duele en lo más íntimo del ser y en su desarrollo un nudo en la garganta se nos hace inatajable.

Es que la dolorosa realidad histórica vivida en nuestro país supera la imaginación del novelista más avezado en materias de ficción. Así es como el realizador, que vivió en carne propia las angustias de la desaparición de su progenitora y el no saber por largo tiempo en qué estado se encontraba, sin pruebas de supervivencia ni contactos oficiales para efectuar un rescate o una negociación, se valió de su propia experiencia como documentalista y montador en España para dilucidar, después de fallecida, las incógnitas que lo envolvían, y… lograr dialogar con aquel guerrillero campesino de su misma edad ‘del otro lado’ de sus convicciones humanitarias y políticas.

La dolorosa realidad histórica vivida en nuestro país supera la imaginación del novelista más avezado en materias de ficción.

Como si se tratara de un thriller detectivesco, en busca de una aguja en un pajar, Guarnizo halló entre miles de posibilidades a quien mantuvo una relación materno-filial con su ser querido en otra variante del llamado síndrome de Estocolmo. Güerima, alias del exguerrillero, en su condición de firmante de la paz y reinsertado social, siendo custodio y salvador de vidas ante posibles retaliaciones al no ejecutar órdenes letales de la comandancia, terminó convirtiéndose en un símbolo de paz. Una película distribuida por Doc:Co.

Kairós (Nicolás Buenaventura, Colombia, 2017-21). Producida por Distrito Pacífico y enteramente filmada en la Sultana del Valle. “Una película de atracos donde el botín es la dignidad” –según sus notas de producción–. Pero… ¿qué quiere decir ‘kairós’? Es una palabra griega referida al tiempo, pero no el cronológico en función de minutos y segundos, sino que alude al ‘tiempo oportuno’. Su protagonista, Amaranto, un viejo empleado bancario injustamente despedido antes de recibir su pensión, quien afirma en tono filosófico no creíble: “El tiempo es raro, a veces existe”.

Ficción ligeramente costumbrista y de género con buenas intenciones, pero algo fallida e inconclusa en su realización. Rueda la bicicleta por céntricas calles caleñas y el tal Amaranto –hombre amable, generoso e ingenuo en apariencia– es representado sin convicción profesional por un moreno ya mayor de aspecto famélico. Para rescatar el ambiente solitario del sencillo personaje, que cuida niños y habla con su gato Vagabundo, se cuela en la sucursal bancaria donde goza del aprecio de sus empleados y sufre el recelo de una nueva administración. El suspense-time se limita al seguimiento de una camioneta transportadora de valores, a la descarga del dinero y su traslado a las cajillas de seguridad. Defecto notable: la falta de sincronización, o lip sync, puesto que los labios se mueven décimas de segundos después de pronunciar algunos de sus parlamentos. Estreno, del jueves 28 de octubre, previsto.

MAURICIO LAURENS

(Lea todas las columnas de Mauricio Laurens en EL TIEMPO, aquí)

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