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Reaparición de una diva y octogenarios en cinta

Reaparición de una diva y octogenarios en cinta

De la perdurable Sophia Loren a la cotidianidad de un geriátrico chileno.

19 de marzo 2021 , 09:25 p. m.

La vida por delante (La vita davanti a sé, Edoardo Ponti, Italia, 2020). Madame Rosa, judía sobreviviente de Auschwitz, con una marca infame en el brazo, convierte su vieja casa sobre la costa adriática de Bari en albergue para pequeñines de prostitutas —profesión que ejercía en un pasado ya muy lejano—. Entre los protegidos, un rebuscador senegalés presuntamente musulmán llamado Momo, el mismo muchachito que le rapó una bolsa en pleno mercado popular y quien terminará convirtiéndose en su definitivo apoyo al no soportar un hospital de caridad como antesala de la muerte.

Personaje realmente encantador el de esta dama de recio carácter y solidaridad social con sus congéneres del oficio anteriormente desempeñado. Concebido por el tempestuoso novelista autobiográfico Romain Gary (1914-1980) —nacido en territorio lituano y dos veces ganador del Prix Goncourt de literatura francesa, hijo no reconocido del gran actor ruso prerrevolucionario Iván Mosjoukine—. Tan particular madama, primero caracterizada por Simone Signoret en 1977, ahora regresa vía Netflix en la curtida piel de una beldad de 86 años y dirigida por su hijo Edoardo Ponti (Ginebra, Suiza, 1973).

De su legendaria hermosura, Sophia Loren conserva unos grandes ojos verdosos, los labios carnosos y unos rasgos soberbiamente expresivos acordes con la seductora gracia de sus interpretaciones, entre divertidas e histriónicas; camina erguida y deja traslucir una persistente sensualidad, sin disimular la falta de equilibrio propia de su avanzada edad. Antes de perfilar su notabilidad en la historia del cine de la segunda mitad del siglo XX, cabe anotar que la canción Io sí, de Laura Pausini, marca el final de la también traducida La vida ante sí —acaba de obtener el Globo de Oro e igualmente ha sido nominada al Óscar—.

La Loren, estrella inextinguible, musa del cine ítalo-francés, consentida por Hollywood y calificada en Londres, en 1999, como la dama más sexi del mundo —tenía entonces 66 años—; despampanante y volcánica deidad a la napolitana —aunque nacida en una clínica romana, siempre se le ha identificado con la desenvoltura de Nápoles—. De trayectoria rutilante, vinculada con tres grandes nombres: el director neorrealista Vittorio De Sica, el galán de galanes Marcello Mastroianni —partenaire en once películas— y el poderoso empresario productor Carlo Ponti —dos veces casado con ella, celebraron las bodas de oro no obstante una interrupción de diez años—.

Descubierta por este último, atrajo la simpatía del público en 1955 gracias a Pan, amor y…, o Escándalo en Sorrento, una picardía a la italiana dirigida por Dino Risi y acompañada por quien llegará a ser su regista favorito (De Sica); consagrada en Ayer, hoy y mañana, con un triple papel en otros tantos recordables episodios desde Nápoles, Milán y Roma. Óscar en 1962, el primero concedido a una actriz no angloparlante, encarnó en Dos mujeres, las penurias sobrellevadas por una madre que se libra del fascismo y cae en las garras liberadoras. Después de Matrimonio a la italiana y La mujer del cura, volvió a reunirse con Mastroianni en Un día muy especial. Alternó con nadie menos que Marlon Brando para La condesa de Nueva York, ambos dirigidos en aquella memorable ocasión por Chaplin; igualmente, cuarenta años después (2009), encabezó el musical Nine en homenaje al Otto e mezzo, de Fellini, al lado de tres gracias menores que ella.

El agente topo (Maite Alberdi, Chile, 2020). Un insólito aviso clasificado busca personas saludables entre 80 y 95 años para trabajar por un período limitado y vivir una temporada fuera de casa. Sergio Chamy, el elegido, al pasar las pruebas requeridas y superar varias entrevistas e inducciones, armado solo con una camarita celular, deberá pasar por huésped e infiltrarse sigilosamente como espía durante tres meses para captar cuantas irregularidades o atropellos se reporten en una casa santiaguina de la tercera edad.

Los ancianos, confinados de verdad, no son actores y residen en una institución privada dominantemente para mujeres. Con extremado respeto, la cámara oculta explora sus movimientos rutinarios y una que otra actividad lúdica. La mayoría se queja de no recibir visitas de sus familiares y tener que adecuarse a una soledad rutinaria o al olvido escalonado; algunas de ellas poseen una memoria resbaladiza y sufren de mutismo o de variados trastornos obsesivos compulsivos (toc); una busca fugarse a como dé lugar y otra, quizás insatisfecha, tiene la manía de tocar las piernas de quienes se sientan a su lado.

Comparten sus desdichas, se distraen con recuerdos asociativos y fantasías borrosas, una de las abuelitas compone poemas desde la cama y todas son conscientes de la muerte que ronda en casa. Los comportamientos anteriores son escritos en mensajes de texto, por WhatsApp, y registradas sus imágenes en el celular por quien hace las veces de investigador privado y debe comunicarse día tras día con el contratante de una agencia detectivesca. Como si se tratara de la mítica película El halcón maltés, una hija preocupada acude a una firma experta en busca de esclarecer sí su madre está siendo maltratada y quién puede ser el autor o autora del robo parcial de sus pertenencias.

La directora y guionista Maite Alberdi, veterana documentalista, ha desarrollado su propio método de filmación con amigas de clase alta reunidas todas las semanas para tomar las onces, y siguiendo a ‘niños’ escolares de cuarenta años con síndrome de Down. En efecto, esta vez escogió a un carismático adulto mayor para asignarle tareas investigativas y de aprendizaje técnico, que él mismo desconocía tratándose de una intencionalidad cinematográfica de equipo; incluso, se presentan momentos de dificultades puesto que para realizar conexiones óptimas en sus dispositivos digitales debió soportar varias horas de entrenamiento. Aunque Alberdi no terminará por denunciar maltratos o anomalías, más cuando han brillado por su ausencia los enfermeros, paramédicos y terapeutas, el falso protagonista de nombre Sergio terminó ganándose el aprecio de las abandonadas residentes e incluso recibió propuestas de matrimonio… a los 83 años.

Este original y muy humano docudrama presentado por Netflix aspira justamente al Óscar del mejor documental internacional —con un colectivo rumano de periodistas judiciales, las visitas conyugales frustradas en una prisión de Nueva Orleans, la exploración submarina guiada por un inteligente pulpo sudafricano y el campamento de verano para discapacitados en Woodstock—.

Mauricio Laurens
Cine al Ojo
maulaurens@yahoo.es

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