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Experiencias educativas, etílicas y existenciales

Experiencias educativas, etílicas y existenciales

'Una ronda más' trasciende las magnitudes de toda borrachera.

08 de julio 2021 , 09:25 p. m.

Drunk (ebrio), título de su versión internacional, comedia dramática del naturalista e intimista realizador Thomas Vinterberg (Copenhague, 1969), brinda la ocasión de sopesar aspectos lúdicos o de autocontrol particularmente entre maestros y alumnos, bebedores habituales no alcoholizados e incluso abstemios. Quien desplegó desde Copenhague su inquisitivo y trastornado estilo personal, hace veintitrés años en Festen (Celebración), siendo el primer fruto cinematográfico de una renovadora corriente realista (Dogma 95), esta vez nos aporta su nada obvia representación que obedece a prejuicios o hábitos sociales generalizados de larga data en comunidades urbanas y rurales de peculiaridades nórdicas. ¡Skol!

Druk (borracho), en lengua original danesa, fue presentada por la selección oficial del Festival de Cannes 2020 y nominada al Globo de Oro en Los Ángeles, ganó el tan codiciado Óscar 2021 a la mejor ficción internacional y arrasó con los premios reservados a las creaciones extranjeras en Francia (César) y Reino Unido (Bafta). Zentropa Producciones, cofundada en 1992 por Lars von Trier, invita a compartir un curioso divertimento experimental que podría acarrear tragos amargos y consecuencias resbaladizas. Dos alusiones a Kierkegaard: el epígrafe con los sueños del amor juvenil y la contestación de un discípulo en torno a las ansiedades. ¡Salud!

Una teoría falsa, supuestamente acuñada por el filósofo y sicoterapeuta noruego Finn Skarderud, sirvió como premisa narrativa al sostener que… “los humanos tenemos una deficiencia de alcohol en la sangre de un 0,05 %”. ¿Es sensato beber? Dicen quienes saben, desde los países mediterráneos, que tomar una o dos copas diarias de vino puede ser la clave para una vida larga y placentera. Primordial tener en cuenta la siguiente aclaración del citado doctor: “El alcohol es en gran medida un lubricante social, pero el dilema es encontrar el equilibrio adecuado y no exagerar”. Santé!

El insólito experimento aplicado por cuatro viejos amigos y colegas, que se desempeñan como educadores en un liceo de menores, desde los suburbios de Copenhague, acoge la recomendación “científica” del consumo diario requerido de tragos o bebidas espirituosas para lograr mejores tratos sociales e inesperados rendimientos profesionales. Porque ellos buscan desinhibir el espíritu, olvidar por unos momentos los problemas cotidianos y gozarse la vida; en algunos casos, mejorar la autoestima o superar timideces e introversiones. Cheers!

Tales acciones dramáticas se inician con las carreras de relevos estudiantiles en un lago, tras el premio de una canasta de cerveza en cada meta. El cuarteto disciplinario, que celebra estruendosamente los 40 años de uno de ellos, maneja con evidente profesionalismo sus consecutivas áreas de historia contemporánea, sicología del aprendizaje, educación física y música. En medio de políticas rectorales de cero botellas en clase, impera la crisis en las relaciones con el alumnado hasta alcanzar dimensiones preocupantes puesto que algunos de último grado manifiestan no sentirse seguros en vísperas de los exámenes de admisión universitaria. Prost (en alemán).

Mientras que el coro infantil ensaya una melodía nacionalista (“En Dinamarca nací, aquí está mi hogar”), más las referencias al primer ministro Churchill –quien ganó una guerra mundial y el Nobel de Literatura sin prescindir jamás de un primer trago en ayunas–, escuchamos esta sentencia: “Bebemos cuando queremos y no cuando nos sentimos impulsados”. Se da entonces comienzo al ritual de locura gracias a una variada carta de licores: champaña francesa y vino espumoso italiano, vodka escandinavo y ruso, cerveza de barril, cocteles con ajenjo y vinos de Borgoña. Chin chin (traducción inglesa de origen mandarín).

Martin, el protagonista, quien dicta historia europea y mundial, inquiere a su esposa antes de someterse al tratamiento etílico: ¿Tú crees que soy aburrido? Ella responde que ambos han perdido el interés de antes y cada uno, ahora, va por su lado. Es más, su reputación escolar se encuentra por el suelo y el juicioso espectador puede armar un diagnóstico clínico de sus debilidades antes de embriagarse: acomplejado y deprimido, distraído en el aula y preocupado, nervioso y soñoliento… Mads Mikkelsen, virtuoso intérprete, absorbe las anteriores falencias con toda una gama de recursos anímicos. Prosit nobis usque ad vitam eternan (brindis de buena salud y vida eterna, en latín).

En su prólogo, la pantalla se oscurece y momentáneamente oímos el hielo que se estrella contra el vidrio en vasos agitados con palitas, goteos y… sorbos. Del lado positivo: alegría, desparpajo y extroversión; más serenidad, relax y armonía; impacto emocional al ingresar el licor en el torrente sanguíneo e irrupción de motores verbales –retóricos y corporales–rítmicos. Y… ¿efectos negativo? Varios: payasadas y tropiezos, maluquera y lagunas, sueño pesado, impotencia o frigidez, guayabo o resaca. Sin hablar del fastidioso tufo cervecero y la orina seguida, lengua disparada con mareos y pérdidas del equilibrio, caminado tambaleante y panza inflamada. No se habla de cirrosis, ni de alcohólicos anónimos. Na zdarovie! (en ruso).

Triunfante debut de Vinterberg: Celebración (Festen, 1998). Reacciones ambiguas y ocultas tras una cámara escrutadora, que desborda las intimidades de comensales abochornados en un banquete familiar de perfiles autodestructivos. Entre sus méritos: hilo conductor del evento extraído de algún álbum familiar, nerviosa fotografía en video sin perder detalles de sus personajes y matices oscuros e imprevisibles no fáciles de descifrar. El método sicoterapéutico se acopló a las técnicas de representación escénica en donde las crisis personales salían a relucir y cada uno de los asistentes se involucraba de alguna manera.

Reafirmación de un autor intimista: Submarino (2010). Drama humano arraigado en sitios sórdidos y deprimidos cubiertos por cielos grises, rastros de nieve y atmósferas frías. Lucha bajo superficie de dos hermanos autodestructivos marcados por el abandono de la sociedad y azotados por una tragedia familiar del pasado. Copenhague, con las heridas de la infancia que aún no se habían cerrado, mostraba un desolador cuadro familiar: hijos abandonados propensos a la drogadicción, madre borracha y promiscua, padres sustitutos e irresponsables.

Consagración y pieza maestra: La caza (Jagten, 2012). Cuando se echan a rodar mentiras inocentes, o suposiciones falsas y engañosas, algunos ciudadanos del común actúan con intolerancia y asumen la justicia por mano propia. Al infundir odio entre las personas, la calumnia crece con notoriedad sin superar los malentendidos entre vecinos disociadores. Acusar por simple intuición y no medir las consecuencias de comentarios desacertados puede generar una cacería, y más todavía si proviene de la imaginación infantil tutelada por los adultos. Mientras que una niñita fantasea con morbosidades y quiebra la paz de un pueblo de cazadores, Mads Mikkelsen alcanza niveles razonables de rabia y desconcierto.

Nota final: Vinterberg, en la gala del Óscar, hizo llorar a medio mundo cuando agradeció la estatuilla dorada y se la dedicó a su adolescente hija Ida María, quien falleció en un absurdo accidente de tránsito en Bélgica. “Mi película es una celebración a la vida que nos queda”.

Mauricio Laurens
Cine al Ojo
maulaurens@yahoo.es

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