Dos ficciones suramericanas sobre pandemias

Dos ficciones suramericanas sobre pandemias

‘Ceguera’ y ‘La peste’ son adaptaciones irregulares del libro a la pantalla.

02 de mayo 2020 , 02:27 a.m.

'Ceguera' (2008), tercer largometraje importante dirigido por el brasileño Fernando Meirelles, siendo una coproducción internacional de Canadá, Reino Unido, Brasil y Japón. Además, una libre adaptación de la novela 'Ensayo sobre la ceguera' (publicada en 1995), del escritor y nobel portugués José Saramago. Puesta en escena de la degradación originada por una imprevista pandemia y las secuelas sobre quienes bordean la oscuridad. Aparentemente, película de ciencia ficción; fábula moral en donde se plantean las devastadoras consecuencias que sobre una ciudad en particular ejerce el brote de “una mancha blanca que se extiende como un mar de leche” —en palabras de su autor—.

Aunque podría tratarse de cualquier otro síndrome o enfermedad, la cuarentena conlleva una reclusión en un campo aislado y el consecutivo desmoronamiento del estado de gracia imperante. Se lucha desesperadamente por la abrupta supervivencia, brota la extinción de aquellas especies más débiles, el caos reina por doquier y la anarquía determina situaciones de autoritarismo o represión de los más mínimos derechos humanos. Textos sensacionalistas de su tráiler: “Más del 90 % de la población ha sido afectada por una epidemia de ceguera. La enfermedad blanca es altamente contagiosa. ¡No hay cura! No hay señales visibles de síntomas, ni de traumas” (lo que ahora llamamos asintomático).

'Ensayo sobre la ceguera' rápidamente se constituyó en la obra más leída de Saramago, quien tres años después sería consagrado con el premio Nobel de Literatura. “Vuelve comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía” —según el concepto emitido por la Academia Sueca—. En párrafos continuos cuyas largas frases son separadas por comas y no por puntos, el cineasta paulista respeta muchas de las convenciones narrativas originales y fusiona con propiedad locaciones urbanas de Toronto y São Paulo.

Su fotografía digital —supervisada por el uruguayo César Charlone— posee las tonalidades blancas o sobreexpuestas que exigía la trama, y sus personajes sin nombres están bien delineados; entre ellos: la estadounidense Julianne Moore (de madre escocesa), el gringo Mark Ruffalo, la carioca Alice Braga, el negro Danny Glover y el mexicano Gael García Bernal. Al igual que todas esas debilidades suscitadas desde su lectura novelada, en cinta la mujer del médico —interpretada por Moore— finge no ver para convertirse en nuestra guía y resolver no pocas preguntas, dudas o… reflexiones. ¿Qué pasaría si alguna enfermedad nos acarreara discriminación? ¿Será posible que la pérdida de facultades conduzca a la autodestrucción? ¿Será que somos cuerdos solo en apariencia? Si Cannes abrió en 2008 con esta película, aquí pasó casi inadvertida en su momento.

'La peste' (1992), coproducción franco-argentina dirigida por el porteño Luis Puenzo —el de 'Historia oficial'—. Se trata de una caprichosa y confusa adaptación de la novela capital de Albert Camus, publicada en 1947. Inicialmente ubicada en la fea ciudad de Orán, en la Argelia francesa de posguerra, la película se traslada a una urbe contemporánea suramericana también llamada Orán. “El cronista no deberá olvidar que su memoria es la memoria de todos” —se advierte desde el comienzo—. Trata de cómo un médico francés se enfrenta al fantasma de la peste bubónica, que aísla y estigmatiza a un puerto militarizado, pero él decide enfrentar la muerte y enviar a su esposa contagiada de regreso a París. Actúan, entre otros: William Hurt (el doctor Rieux), Sandrine Bonnaire (una reportera), Lautaro Murúa (sacerdote fanático), Raúl Juliá (chofer suicida) y Robert Duvall (excéntrico benefactor).

Además de las buenas intenciones del narrador, son tres los puntos de vista sobre esta pandemia: los periodistas y corresponsales extranjeros que buscan explotar la noticia de sus connacionales, el cura que predica el castigo divino desatado por tanto libertinaje y aquellos empresarios que aprovechan las penosas circunstancias para hacer negocios. Pero no se siente el escalofrío que produce la pieza original, tampoco hay introspección sicológica en torno al miedo y la desesperanza, menos los planteamientos filosóficos del autor —premio nobel 1957—.

Al releer los textos originales, este columnista ronista encontró algunas frases que hace más de setenta años describían la situación actual padecida por todos. “Lo más original en nuestra ciudad es la incomodidad que puede uno encontrar para morir”. “Ratas muertas por todas partes: en las calles, en los comercios, en las escaleras”. “Peste y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas”. “La radio solo habla de ese extraño fenómeno. Cuando subió la cifra de muertos, se declaró el estado de peste y la orden de cerrar la ciudad. En unos cuantos días los casos mortales se multiplican”. “Pero pronto los que eran prisioneros de la peste compartieron el peligro en que ponían a los suyos y se resignaron a sufrir la separación”. “Las medidas profilácticas indicadas en tiempo de peste se deberán aplicar”. “Adaptación de las escuelas de párvulos para recluir a los enfermos de los pabellones que no daban abasto…”. “El sufrimiento de vivir la cuarentena con recuerdos inútiles”. Pero… ¿qué hacer para no perder el tiempo? Respuesta: “Sentirlo en toda su lentitud”.

Último párrafo: “Pues el doctor Rieux sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”. ¡Desconcertante!

MAURICIO LAURENS
maulaurens@yahoo.es

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