¿Y ahora que viene?

¿Y ahora que viene?

Ojalá esta sea la oportunidad para que la administración del Presidente deje grandes legados.

03 de abril 2020 , 07:58 p.m.

Siempre se ha dicho que las crisis son oportunidades de las que se sale bien librado si hay buenas ideas, líderes que las impulsen y un sistema político que permita adoptarlas. En las actuales circunstancias es posible construir esas oportunidades, pero no tenemos nada asegurado. Nada impide que una situación como la actual sea el punto de partida de una espiral de decisiones que agraven las cosas. Y es que las crisis también son un caldo de cultivo de malas ideas.

Para comenzar con algo de optimismo, el país está más cohesionado: los colombianos hemos entendido que debemos actuar como un colectivo. Un buen ejemplo de unidad son los aplausos nocturnos para agradecer a quienes están en la primera línea para enfrentar la pandemia. Hemos visto al Presidente ejerciendo un mayor liderazgo y actuando con mayor autonomía. La gente lo siente así. También es cierto que el estado de emergencia le da al Gobierno más agilidad en la toma de decisiones que generan respaldo y cercanía.

Esto es algo que los colombianos estábamos necesitando. El coronavirus le ha dado al Gobierno el foco que le faltaba.

La gravedad de las circunstancias no permite pensar en nada diferente. Controlar la pandemia, evitar el colapso de la economía y asegurar una reactivación posterior dominarán la agenda nacional hasta las próximas elecciones. Ojalá esta sea también la oportunidad para que la administración del presidente Duque deje unos grandes legados, lo cual es perfectamente posible.

Esta crisis es una especie de desastre natural, combinado con el desplome de los precios del petróleo, cierre de mercados y deterioro del riesgo país. Sin igualar el momento actual, lo más cercano es la recesión de 1999, cuando la economía cayó 4,2 por ciento por culpa de la crisis internacional, al tiempo que enfrentábamos las consecuencias del terremoto del Eje Cafetero, donde fallecieron 2.000 personas.

De esa crisis salimos al otro lado, incluso fortalecidos, pues adoptamos instrumentos modernos para la política social, como Familias en Acción, cambiamos con éxito el modelo para controlar la inflación y manejar la tasa de cambio, y enderezamos las finanzas públicas que traían una trayectoria insostenible.

Esta crisis no será la excepción. Seguramente quedaremos con unas políticas sociales más incluyentes y ambiciosas, una economía más digitalizada y productiva, y una sociedad más consciente de la importancia de invertir en la salud propia y la colectiva, incluyendo el cuidado del medioambiente.

Pero el tema de hoy es la respuesta de corto plazo. Lo que se está haciendo a marchas forzadas en el frente social, para llegarles a varios millones más de personas que requieren apoyo, es admirable. Lo mismo podría decirse de la respuesta del Banco de la República, que se ha salido del libreto convencional para inyectar liquidez, así como la masiva capitalización del Fondo Nacional de Garantías, que ahora podrá asumir hasta 60 por ciento del riesgo en los créditos a las empresas. Es indispensable que el Gobierno defina rápidamente las condiciones y ponga en práctica el mecanismo. Donde no ha habido respuesta es en la Dian, que no ha diferido el pago de impuestos ni ha reducido la tabla de retenciones.

En cuanto a la pandemia, solo cuando un porcentaje mucho más alto de la población se haya examinado se podrá flexibilizar el aislamiento, y así normalizar la economía. Las medidas seguramente serán graduales, empezando con las zonas rurales, los municipios pequeños y ciertos sectores como la construcción.

Lo más importante en este punto es evitar medidas económicas que puedan empeorar las cosas. Las circunstancias nos obligan a actuar con audacia, pero con gran responsabilidad. Medidas que comprometan la situación económica deben descartarse. Por ejemplo, la reestructuración de todos los créditos con el sistema financiero nos puede poner al borde de una crisis financiera, cuyos efectos se miden en años y no en meses. No le debemos tener miedo a aumentar el déficit fiscal, pero hay que hacerlo preferencialmente con financiamiento externo y dentro de los parámetros que establece la regla fiscal. No es el momento de arriesgar la confianza externa que se ha ganado Colombia.

Mauricio Cárdenas

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