Separándonos del lote

Separándonos del lote

Tenemos con qué perfilarnos como un excelente destino para los inversionistas.

14 de junio 2019 , 07:31 p.m.

Descontentos con las rentabilidades en Estados Unidos, y más ahora que la Reserva Federal se prepara para bajar las tasas de interés, los inversionistas internacionales están buscando su próximo destino. Quieren países medianamente grandes, bien manejados, predecibles y estables. La realidad es que no hay muchos candidatos, y Colombia tiene todos los ingredientes para ser uno de ellos.

Empecemos por la región. Todas las economías grandes de América Latina tienen algún pero. Tal vez, la única excepción es Argentina, en el evento de que Macri sea reelegido, pero eso está por verse. Aun así, Argentina tendrá que honrar sus compromisos con el FMI y hacer un ajuste fiscal tremendo, frente a lo cual los mercados tendrán un cierto escepticismo, o por lo menos cautela. Brasil y México, cada uno por razones diferentes, no despiertan entusiasmo. Perú tiene un serio problema de gobernabilidad, y las oportunidades de inversión en Chile son hoy en día más escasas y menos rentables.

Por una suma de malas decisiones y malos resultados, tampoco están interesados en Turquía, hasta hace poco un destino favorito y –por ende– competidor nuestro.
Colombia tiene las condiciones para ser el destino que está buscando el capital internacional. Entre otras razones porque la paz, pese a su politización interna, es un factor positivo para los mercados, por lo menos mientras no nos encarguemos de deshacerla.

Mejor dicho, la cancha está abierta para jugar uno de nuestros mejores partidos. Pero nos faltan unas decisiones. No me refiero a las grandes estrategias ni a cambios en la alineación. Me refiero a decisiones tácticas y rápidas, pues esto se va a decidir en los próximos seis meses.

La paz, pese a su politización interna, es un factor positivo para los mercados, por lo menos mientras no nos encarguemos de deshacerla.

La primera de ellas es que la Corte Constitucional revise la ley, sancionada por el Presidente en enero pasado, por medio de la cual nuestro país adhiere a la convención de la Ocde. Solo cuando ello ocurra seremos miembros plenos de dicha organización y comenzaremos a ver los beneficios de estar ahí. Uno de ellos es que los grandes fondos de inversión dedicados exclusivamente a países Ocde nos pongan en sus radares. Esto es particularmente relevante para el sector de infraestructura. Pero mientras no seamos miembros formales, no hay nada en firme.

Una segunda decisión táctica tiene que ver con el metro de Bogotá. Aunque en el papel se espera que la actual administración adjudique el contrato antes de las elecciones de octubre, en la práctica es muy posible que ello no ocurra. Si el relevo en la alcaldía significa demoras o, peor aún, retrocesos, pagaríamos un costo en actividad económica y credibilidad. Lo ideal es que los candidatos a la alcaldía se pongan de acuerdo en no utilizar el proyecto para hacer proselitismo.

La tercera decisión tiene que ver con el Congreso. No habrá forma de cumplir con las metas fiscales de 2020 sin un fuerte apretón de gasto. Como la ley de financiamiento introdujo normas que reducen los ingresos fiscales a partir del próximo año, el ajuste va a requerir echarles tijera a ciertos subsidios, pese al costo político. Si las cifras fiscales no son creíbles, hasta ahí llegaría nuestra aspiración de ser destino privilegiado de la inversión extranjera.

Por último, además de necesaria, la reforma pensional se ha convertido en un hito para los analistas, las calificadoras y los mercados en general, tal y como lo fue la reforma tributaria estructural de 2016, que elevó el IVA al 19 %. Pero, en el caso de las pensiones –y a diferencia de los impuestos–, no existen los consensos mínimos, ni dentro del Gobierno ni por fuera de él, para asegurar el éxito de una reforma. Por ello, el Gobierno debería dedicar los próximos meses a construir un acuerdo técnico mínimo, indispensable para iniciar el debate político. Esto, en sí mismo, daría un mensaje positivo y mostraría avance.

Como se ve, no estoy hablando de reformas estructurales, sino de un conjunto de decisiones puntuales, en manos de múltiples instancias que van desde la Corte Constitucional hasta los candidatos a la alcaldía de Bogotá.

Para ponerlo en términos ciclísticos, tenemos con qué despegarnos del lote y perfilarnos como un excelente destino para los inversionistas. Pero también es cierto que si nos descuidamos, aparecerían otros punteros.

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