No todo es pandemia

No todo es pandemia

Hay otros asuntos que no andan bien. Lo más alarmante es la situación del sector de la construcción.

27 de noviembre 2020 , 10:18 p. m.

Profunda preocupación ha causado el dato sobre la actividad económica en el país durante el tercer trimestre de 2020, publicado por el Dane hace diez días. Es evidente que, más allá de la pandemia, hay otros asuntos que no andan del todo bien. Tal vez lo más alarmante sea la situación del sector de la construcción, que registró una caída de 26 % en comparación con la cifra del año pasado. La vivienda y otras edificaciones cayeron 27 %, mientras que la construcción de carreteras se redujo 25 %. Esto quiere decir que el sector como un todo tuvo una verdadera implosión.

Para agravar el panorama, el sector minero-energético registró una caída de 19 %, como resultado de una disminución de 44 % en la producción de carbón y de 15 % en la de petróleo. Hoy por hoy, el país está produciendo 750.000 barriles de petróleo por día, cuando el año pasado extraía 890.000. ¿A qué se debe este colapso en la actividad petrolera, justo cuando los precios del crudo se han recuperado?

Si la construcción de obras civiles y la minería no hubieran retrocedido como lo han hecho, el PIB colombiano, en vez de caer 8,2 %, como pronostica el Fondo Monetario Internacional, lo estaría haciendo en 6 %, una cifra más cercana a lo que se espera en Brasil y Chile. Esto quiere decir que una cuarta parte de nuestra recesión se habría podido evitar.

La pregunta obvia es por qué les ha ido tan mal a estos sectores. Lo más sorprende es que tanto el petróleo como la minería fueron exceptuados desde el primer día de las medidas de confinamiento, precisamente para que no se afectara su producción. En el caso de las obras civiles, muy temprano en el año se mencionó en esta y otras columnas la necesidad de impulsarlas –sin mayores riesgos desde el punto de vista de la salud pública– para contrarrestar los efectos de la pandemia.

No menciono la construcción de edificaciones residenciales, pues, afortunadamente, el Gobierno ya rectificó y reintrodujo los subsidios a la compra de vivienda de clase media, que habían sido prematuramente eliminados en 2019, cuando la economía todavía los necesitaba, pues estaba operando por debajo de su potencial.

Tal vez el caso más llamativo sea el de las obras civiles, pues es donde los anuncios y el despliegue mediático –incluidas las inauguraciones– contrasta abiertamente con la realidad. Como siempre se ha dicho, las cifras son tozudas y reflejan que hay problemas que se deben resolver sin demora, algo de lo que se ocupó el congreso de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI) que tuvo lugar esta semana. No hay duda de que la ingeniería nacional puede ser la gran aliada de la reactivación económica, pero esto no va a ocurrir por arte de magia: debe ser un propósito deliberado, coordinado y, sobre todo, bien financiado.

Además de seguir impulsando los megaproyectos bajo la modalidad de APP –los cuales son necesarios y convenientes, pero toman tiempo–, mi propuesta ante el congreso de la CCI es impulsar un plan de inversiones en obras civiles altamente generadoras de empleo local, de rápida ejecución y de relevancia para las comunidades de todo el país.

En esta categoría se deben incluir proyectos estandarizados cuyo diseño no requiere ajustes ni variaciones, y su contratación se realiza con un pliego único, lo que permite realizar las obras masivamente y sin demoras. Este es el caso, por ejemplo, de los llamados Centros de Integración Ciudadana –mejor conocidos como los CIC–. Muchas barrios y veredas en el país necesitan un espacio para el deporte, la cultura y las reuniones de la comunidad, con una infraestructura básica que consiste en un área multipropósito, su cubierta y cinco o seis filas de graderías.

Una estrategia adicional, utilizada en el pasado con éxito, consiste en inyectar más recursos y acelerar la ejecución de los contratos ya suscritos por el Invías. Bajo esta modalidad, los contratistas que cuentan con la capacidad, pero que están frenados por las disponibilidades presupuestales, podrían agilizar las obras que estaban programadas para concluir en 2022 o 2023.

Debemos pasar sin demora de la fase de preservación de la vida, los ingresos y el empleo a la fase de reactivación. Así como este año fue necesario apoyar el consumo, el próximo año se debe apoyar la inversión con recursos y medidas que generen confianza –otro ingrediente indispensable–.

Mauricio Cárdenas

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