No se ven las obras en Bogotá

No se ven las obras en Bogotá

Hace dos años quedaron financiadas dos troncales de TM. A la fecha no se ha puesto una sola piedra.

05 de septiembre 2020 , 09:11 a. m.

Debemos estar preparados para que el tire y afloje entre el Gobierno nacional y la alcaldía de Bogotá por el problema del empleo se vuelva pan de cada día. Esta semana la alcaldesa de la capital le dijo al Ejecutivo, ni más ni menos, que ella ya había controlado el problema de la pandemia y que ahora le correspondía al Presidente conseguirle trabajo a la gente. La verdad es que ni la pandemia está resuelta ni el Presidente es el único responsable del empleo. Quedamos advertidos: de aquí en adelante se viene un peloteo en el que cada uno tratará de tirar el balón hacia otra cancha.

Esto es inaceptable. El problema es de una gravedad tan grande que lo único que no puede faltar es coordinación. Seguiremos con tasas de desempleo de dos dígitos por mucho tiempo si no se cambia de actitud. Desde el punto de vista normativo, será necesario flexibilizar los salarios y reducir las cargas sobre la nómina, algo en lo que tendrán que intervenir el Congreso y la Corte Constitucional. En paralelo, municipios, departamentos y Nación deben adoptar medidas adicionales para impulsar la construcción, tanto de obras civiles como de vivienda. Los alcaldes tienen mucho que hacer en este frente, habilitando tierras y agilizando los permisos. Lo único que está sobrando en este momento es liquidez y capacidad para otorgar créditos, pero de nada sirve tener el tanque lleno si el carro no prende.

Esta semana se publicaron las cifras de empleo de julio. Para no enredarnos en los detalles y tecnicismos, en Colombia hay 39 millones de personas en edad de trabajar. En tiempos normales trabajan 22 millones. Hoy solo lo hacen 17 millones. De esos cinco millones de empleos que se han perdido, dos terceras partes corresponden a mujeres. Y, para agravar las cosas, la mayor parte de los puestos sacrificados han sido formales, que son los más difíciles de conseguir.

¿Podemos esperar que el fin del confinamiento regrese las cosas a su estado original? Es ingenuo esperar una solución rápida del problema laboral, pues mientras no haya vacuna no habrá normalidad. Los trabajos en las peluquerías, el comercio, los hoteles y los restaurantes, que son los más afectados, no regresarán pronto. Incluso después de la vacuna, quedarán secuelas. Puesto en términos económicos, una vez normalizadas las condiciones de oferta habrá que impulsar la demanda.

Por eso es tan importante que los gobiernos, nacional y distrital, asuman este problema como la principal prioridad. La alcaldesa, en vez de cuestionar al Gobierno por el empréstito a Avianca y pedirle al Banco de la República que financie la reactivación –cosa que ya está haciendo–, debería hacer algo de autocrítica. ¿Por qué no se ha puesto en marcha un programa masivo de obras públicas? La lentitud con la que avanzan las cosas en Bogotá es pasmosa. Hace dos años, antes de finalizar el gobierno pasado, quedaron completamente financiadas con recursos de la Nación y listas para construirse dos nuevas troncales de TransMilenio: la avenida 68 y la avenida Ciudad de Cali. A la fecha no se ha puesto una sola piedra.

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Hablando de Avianca, nadie pone en duda la importancia de una aerolínea que representa el 50 por ciento del transporte aéreo en el país, vital para el funcionamiento de la economía. Pero lo que resulta cuestionable es que el Gobierno, en vez de repetir generalidades, no explique los aspectos básicos del empréstito de 347 millones de dólares. ¿Cuáles son las garantías que recibirá? ¿Cuál es la prioridad que tendrá en el pago frente a los demás acreedores? ¿Cómo nos aseguraremos los contribuyentes de que los recursos no acaben en manos de los accionistas? ¿Bajo qué circunstancias tendrá el Gobierno que tomar control de la aerolínea? ¿Hasta qué punto tiene el programa de fidelidad de los viajeros frecuentes LifeMiles la capacidad de garantizar el empréstito hecho por la nación si las cosas salen mal?

El Gobierno no debería subestimar a la opinión pública. Hay que apoyar las decisiones cuando son necesarias, pero primero deben ser explicadas con claridad.

Mauricio Cárdenas

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