Más papistas que el Papa

Más papistas que el Papa

Lo audaz es suponer que hoy se pueden vender activos para convertirlos en plata de bolsillo.

28 de junio 2019 , 08:27 p.m.

Nada más difícil que reducir el gasto público, sobre todo en un país como Colombia, donde, contra lo que generalmente se piensa, el Estado no es particularmente grande. Recortar es bastante popular frente a la opinión calificada, pero duro a la hora de la verdad, pues el problema del Estado colombiano no es de sobrepeso sino, más bien, de falta de músculo.

Difícil o no, la dieta después de que se desplomaron los ingresos fiscales con la caída de los precios del petróleo resultó efectiva: el gasto en funcionamiento e inversión del Gobierno Nacional se redujo de 16,8 % del PIB en 2013 a 15,6 % del PIB en 2018, que equivale a más de 12 billones de pesos de hoy. Pero esto ya es historia patria.

Hoy, las preocupaciones son otras. Se acaba de publicar el marco fiscal de mediano plazo, que traza la ruta de lo que será el manejo fiscal de la actual administración. No se viene un gran apretón del gasto: del 15,6 % del PIB en 2018 se espera bajarlo a 15,4 % del PIB en 2022. Esto es pragmático, pues reducir el gasto en adelante requiere recortar subsidios que tocan fibras muy sensibles social y políticamente. Por esa misma razón no creo en el ajuste más drástico que el Gobierno propone entre 2023 y 2029, pero eso es ya futurología.

Por último está la creatividad. Nadie ha comentado el artículo 245 del Plan Nacional de Desarrollo, que autorizó al Gobierno a pagar gastos corrientes de la salud con TES.

Sin embargo, aunque el gasto cae poco en este cuatrienio, el Gobierno proyecta reducir fuertemente el déficit, de 3,1 % del PIB en 2018 a 1,6 % del PIB en 2022, en línea con la regla fiscal.

Para lograrlo necesita un aumento en los ingresos. ¿Pero cómo? ¿No han dicho todos los economistas que la reforma tributaria de 2018 va a reducir los ingresos del Gobierno a partir del año entrante? ¿Acaso el Gobierno no acaba de afirmar que no habrá más reformas tributarias?

Aquí es donde entra en escena la creatividad, mezclada con un poco de audacia y suerte.

La suerte proviene de las utilidades del Banco de la República. Al Gobierno se le apareció la Virgen con un cheque de 3 billones de pesos por año, cuando hasta hace poco lo que había era pérdidas. Pese que hay quienes han opinado en contra, contablemente son un ingreso del Gobierno y es correcto registrarlo como tal.

La audacia tiene que ver con las privatizaciones. Aquí, el problema tampoco es contable: es técnicamente correcto tratar la utilidad en la venta de activos (el valor de venta en exceso del valor en libros) como un ingreso del Gobierno. Pero es audaz porque el Gobierno está contra el tiempo si quiere enajenar activos como ISA o Ecopetrol para cuadrar la caja este año y el entrante. La experiencia enseña que se trata de procesos largos y contenciosos. Y, más allá de esto, al no ser una estrategia sostenible a la cual se pueda recurrir todos los años, las privatizaciones generan más preguntas que respuestas.

Pero lo verdaderamente audaz es suponer que hoy se pueden vender activos para convertirlos en plata de bolsillo y tener así con qué pagar las cuentas del Gobierno. El caso de Isagén, donde los ingresos de la venta se utilizaron para capitalizar la Financiera de Desarrollo Nacional y apalancar el programa 4G, y no para financiar el Gobierno, sentó un precedente.

Por último está la creatividad. Nadie ha comentado el artículo 245 del Plan Nacional de Desarrollo, que autorizó al Gobierno a pagar gastos corrientes de la salud con TES. No me refiero al de deudas viejas de la nación, como las sentencias, sino al pago de cuentas que corresponden a gastos de este año. Al pagarse directamente con TES, no se registran como gasto ni aumentan el déficit fiscal. Se estima que el Gobierno utilizará esta figura en un monto cercano a los 3 billones de pesos.

Esta mezcla de audacia, creatividad y suerte es la que le permite al Gobierno anunciar que va a sobrecumplir las metas fiscales y lograr en 2019 y 2020 un déficit inferior al que le fija la regla fiscal.

Si el objetivo es impresionar los mercados, no creo que se logre. Nadie va a agradecer ser más papistas que el Papa, especialmente si para lograrlo se tiene que incurrir en prácticas non sanctas.

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