La historia se repite

La historia se repite

En Colombia, el siglo XXI comenzará cuando dejemos atrás el debate sobre el acuerdo de paz.

24 de enero 2020 , 07:37 p.m.

En estos días me encontré por casualidad un estupendo artículo de Teresa Morales de Gómez sobre Marco Fidel Suárez, escrito a finales de 1999 para una edición especial de la revista Cambio (una pérdida que, por cierto, el país sigue lamentando). En esa ocasión, la revista les pidió a Alfonso López Michelsen, Belisario Betancur y al historiador Jorge Orlando Melo que seleccionaran los diez personajes colombianos más importantes del siglo XX. Uno de ellos fue, precisamente, el hijo de una joven campesina que lavaba ropa ajena en Bello, Antioquia.

Al leer el escrito no se puede dejar de pensar que tanto el arranque del siglo XX como el del siglo XXI en Colombia tienen semejanzas. En los dos casos, el país se polarizó alrededor de un acuerdo. Hace cien años, el foco fue el Tratado Urrutia-Thomson, con el cual se buscaba normalizar las relaciones con Estados Unidos. Ahora ha sido el acuerdo de paz para ponerle punto final al conflicto con las Farc.

Gracias a su éxito como presidente de la Comisión Asesora que ayudó a redactar el Tratado Urrutia-Thomson y a su labor como canciller entre 1914 y 1918 (cuando defendió la neutralidad de Colombia durante la Primera Guerra Mundial), Suárez fue elegido presidente para el periodo 1918-1922. Durante su gobierno se empeñó en la aprobación del tratado con EE. UU. por el Congreso colombiano. Una empresa impopular y costosa políticamente. Resultaba más fácil exaltar el resentimiento de un país todavía dolido por la pérdida de Panamá –algo que la oposición hizo de manera efectiva–. El cuadro era aún más complejo luego de que el Senado de EE. UU. eliminó el artículo en el cual se expresaba el llamado sincere regret. Los sentimientos nacionalistas fueron bien aprovechados por una oposición que polarizó el país, con la mira bien puesta en las elecciones de 1922.

Se sabía que la aprobación del tratado traía beneficios para la economía, pero eso no importó. Los comerciantes, industriales y cafeteros querían que se normalizaran las relaciones con EE. UU. Suárez –adelantado a su época– argumentó que el país del norte, “en razón de las masas y las distancias”, ejercía “una decisiva atracción respecto de los pueblos de América”. Esto es lo que los economistas muchas décadas después confirmarían con el llamado modelo gravitacional del comercio.

Ya es hora de que el partido de gobierno reemplace la ‘doctrina Macías’, resumida en el discurso del entonces presidente del Congreso el 7 de agosto de 2018

El tratado también traía recursos adicionales, producto de la indemnización, con los cuales mejoraría la situación económica, debilitada después de la Primera Guerra. Esto fortalecería al Gobierno y a Pedro Nel Ospina, quien se vislumbraba como el posible sucesor de Suárez.

Los conservadores antiospinistas y los liberales armaron entonces una colación para tumbar el Gobierno. Para ello acusaron al Presidente de indigno por haber pignorado su salario y le plantearon una fórmula: si renunciaba, continuarán la discusión del tratado en el Congreso. Esto es lo que finalmente ocurrió. Al renunciar, Suárez tuvo grandeza: puso los intereses de la nación por encima de los suyos. Las relaciones con Estados Unidos se normalizaron, y se inició la modernización. Ahí comenzó realmente el siglo XX para nosotros.

En Colombia, el siglo XXI comenzará cuando dejemos atrás el debate sobre el acuerdo de paz y nos pongamos en sintonía con lo que está pasando en el mundo de hoy, cuando los temas son otros. Lo que necesitamos es poner el foco en la educación y la tecnología. Estamos perdiendo el tiempo en debates estériles.

Hace 100 años, la polarización jugó un papel, pero también encontró un límite. Eso ocurrió cuando el pragmatismo y los argumentos económicos tomaron las riendas. El país acogió la doctrina Suárez, pasó la página del conflicto con Estados Unidos, y pudo prosperar.

Ya es hora de que el partido de gobierno reemplace la ‘doctrina Macías’, resumida en el discurso del entonces presidente del Congreso el 7 de agosto de 2018. Este gobierno está todavía a tiempo de encumbrarnos en el siglo XXI, que es lo que está expresando la gente en la calle. Ojalá no tengamos que esperar a 2022.

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