La guerra de la vacuna

La guerra de la vacuna

Lo único que no nos puede pasar, en esta crisis, es ser los últimos en tener acceso a la solución.

24 de julio 2020 , 09:25 p. m.

Esta semana, en un conversatorio promovido por 'CNN', Bill Gates planteó algo que me llamó la atención: palabras más, palabras menos, dijo que posiblemente hacia el final de 2021 la vacuna estará disponible para frenar el contagio en los países ricos y quizás, en los siguientes nueve meses, en el mundo como un todo. Esto quiere decir, simple y sencillamente, que la vacuna irá primero a quienes tienen la plata y solo en 2022 llegará a países como el nuestro.

Esto es aterrador. De hecho, nadie se debería sorprender, pues ya está pasando con los tratamientos como el Remdesivir, la primera medicina aprobada por las autoridades de Estados Unidos para la recuperación de los pacientes con covid-19. La administración Trump anunció a finales de junio que había llagado a un acuerdo con Gilead, el laboratorio que la produce, para comprar el 90 por ciento de la producción hasta septiembre. Queda claro que ‘América primero’ no es solo un eslogan de campaña.

Dada la gravedad de la crisis, no sorprende que cada país ponga sus intereses por delante. Más que lamentarlo, hay que partir de esa realidad y pensar con cabeza fría qué debemos hacer. El escenario para evitar es quedar de últimos en la fila de las vacunas y, peor aún, ponernos a merced de las donaciones que los países avanzados nos quieran hacer.

La respuesta es que sencillamente tenemos que invertir en la vacuna, por extraño que suene. De hecho, ya lo están haciendo países como Brasil y Chile.

Esto quiere decir que el gran enemigo de la solución a la pandemia va a ser el riesgo de “detrimento patrimonial”, que es la espada de Damocles de todo funcionario público. La razón es que para garantizar acceso a la vacuna hay que asumir riesgos.
Los laboratorios necesitan recursos para ampliar su capacidad de producción –aun sin saber si sus pruebas serán exitosas–, y los países necesitan garantizar que les venderán la vacuna tan pronto esté disponible.

Los expertos estiman que de cada 14 intentos de desarrollo de la vacuna, solo uno resultará exitoso. En este momento hay 23 posibles vacunas en ensayos clínicos y más de 100 en etapas menos avanzadas. Aunque las expectativas son altas (esta semana, Oxford hizo anuncios muy auspiciosos), nadie sabe cuánto tiempo tardarán los ensayos en humanos en producir resultados ni cuánto tiempo se tardarán los reguladores en aprobarla –incluso reduciendo a 50 por ciento el nivel mínimo de eficacia aceptable–. También hay que recordar que no hay nada asegurado, pues sobran los ejemplos de patologías para las cuales nunca se ha logrado descubrir una vacuna.

Los países avanzados están invirtiendo directamente en los ensayos. Por ejemplo, AstraZeneca (en alianza con Oxford) recibió 1.200 millones de dólares del Gobierno estadounidense para asegurar los primeros 300 millones de dosis de la vacuna, y Japón llegó a un acuerdo similar con Johnson y Johnson. Como estos montos exceden nuestras posibilidades, lo ideal para Colombia es conformar un pool con otros países.

La OMS –en alianza con Cepi y Gavi, dos iniciativas globales de gran impacto– está liderando esfuerzos colectivos para asegurar el suministro de la vacuna al 20 por ciento más pobre de la población. Este mecanismo, denominado Covax –que debe ajustarse para que también pueda realizar inversiones iniciales atadas a un compromiso de venta por parte de los laboratorios–, inevitablemente acabará priorizando a los países más pobres. Se espera que un país de ingreso medio, como Colombia, autofinancie las vacunas que requiera.

El Gobierno de Colombia –en alianza con el BID y la CAF, que podrían financiar el esfuerzo– debería convocar a un grupo de países –comenzando con los de la Alianza del Pacífico– para crear un fondo que aporte recursos a los cinco ensayos más prometedores, a cambio de asegurar la vacuna tan pronto esté disponible. Nuestra mejor opción es aliarnos con nuestros pares: no somos ni grandes potencias ni estamos en la mira de la filantropía y la cooperación internacional.

No obstante las buenas intenciones que tienen la OMS y sus aliados, lo que está en juego es tan grande que no podemos confiarnos. Lo único que no nos puede pasar, en medio de esta crisis, es ser los últimos en tener acceso a su solución.

Mauricio Cárdenas

Más de Mauricio Cárdenas Santamaría

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.