La Guajira

La Guajira

El departamento está a tiempo de construir un modelo de desarrollo sostenible.

10 de enero 2020 , 07:49 p.m.

Este año nuevo tuve la oportunidad de viajar con mi familia a La Guajira, ya no como funcionario público, lo que me permitió ver una nueva realidad. Al funcionario se le reclama, muchas veces con vehemencia y siempre con algo de razón, la ausencia del Estado. El turista descubre la belleza precisamente en la poca interferencia de los seres humanos con su agreste e inhóspita naturaleza.

Después de este viaje entiendo perfectamente por qué Bill Gates, quien puede viajar al sitio que quiera en el planeta y pronto seguramente fuera de él, escogió a La Guajira como el destino de sus vacaciones hace un par de años. Es un sitio único.

En La Guajira está todo por hacer, pero al mismo tiempo no hay que hacer mucho. Para conservar el encanto hay que evitar a toda costa los grandes desarrollos turísticos, con sus hoteles cinco estrellas, centros comerciales y parques de diversiones. Hace unos años se dijo que ese era el modelo por seguir para los proyectos turísticos en nuestro país. Incluso se realizó un plan maestro para Barú, a pocos kilómetros de Cartagena, que afortunadamente no se ejecutó. La gente está cansada de la congestión y el deterioro de las playas en los balnearios de alta densidad. Eso es lo que tenemos que evitar.

La Guajira está a tiempo de construir un modelo de desarrollo sostenible, edificado sobre sus raíces ancestrales. Es el momento de reemplazar la cultura de la ilegalidad, exacerbada por el mal manejo de las regalías, que, por cierto, tenderán a disminuir por el declive de los campos de gas y la disminución de la demanda global de carbón. Más que minerales, lo que tiene en abundancia es sol, viento, playas vírgenes y una gran cultura, rica en tradiciones que hoy son apreciadas globalmente. Los textiles wayús son un buen ejemplo.

Pero el gran problema por resolver es la falta de agua potable. Después de tantos intentos fallidos, hay que cambiar por completo la manera de hacer las cosas

La buena noticia es que de los 2.500 megavatios de energías no convencionales que se instalarán en el país en los próximos tres años, 2.090 corresponden a proyectos de energía eólica en La Guajira. Estos proyectos van a demandar servicios durante su construcción y, de acuerdo con el Plan de Desarrollo, generarán una nueva fuente de recursos para el departamento sin límite en el tiempo.

El turismo debe ser un segundo frente de desarrollo sostenible. Los alojamientos deben ser de baja intensidad, operados por la propia comunidad wayú, para lo cual se requiere un programa de financiamiento de bajo costo y capacitación del Sena. Pero el acceso a electricidad y agua potable es la verdadera restricción. Dada la dispersión de la población, que es parte del encanto, las microsoluciones con paneles solares son la mejor fórmula, financiados con los recursos que dejaran los megaproyectos eólicos.

Algo que está afectando negativamente el turismo es la cantidad de bolsas y botellas plásticas que se acumulan en las playas y los desiertos, atrapadas por la espinosa vegetación. Este año, gracias a la reforma de 2016, los colombianos pagaremos 50 pesos por cada bolsa plástica que utilizan los supermercados, con el fin de descontinuar su uso. Lo que se ve en La Guajira indica que quizás debamos pensar en medidas más audaces.

Pero el gran problema por resolver es la falta de agua potable. Después de tantos intentos fallidos, hay que cambiar por completo la manera de hacer las cosas. Se debe crear una nueva institucionalidad, en cabeza del Gobierno Nacional, que prepare y ejecute los proyectos de inversión. Esto es similar a lo que se está haciendo desde 2016 con el Pacífico, con 400 millones de dólares de crédito multilateral.

Pero no todo lo puede hacer el Gobierno Nacional. La política departamental debe transformarse. Con la llegada de Nemesio Roys, un profesional que genera confianza, a la gobernación hay una buena oportunidad. Está demostrado que cuando se mejora la administración pública, los resultados son otros. Esto fue lo que ocurrió en 2017 cuando intervinimos la salud, educación y agua potable, cuyo manejo fue asumido por el Gobierno Nacional. Solo cuando la nueva administración haya desterrado las malas prácticas, la nación podrá regresar el manejo de los recursos a la gobernación. Eso tomará un tiempo.

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