Goleadas que cuestan

Goleadas que cuestan

Como regla general, cuando en el Congreso hay unanimidad hay que leer entre líneas.

12 de julio 2019 , 08:22 p.m.

“Perder es ganar un poco” fue la frase célebre del profesor Maturana, convertida por Tim Harford en el best seller de 2011 titulado Por qué el éxito siempre comienza con el fracaso. Como con tantas cosas nuestras, con un buen mercadeo y una buena casa editorial, nuestro profe se le habría podido adelantar 20 años a Mr. Harford.

Reflexionando sobre el mal papel de la Selección Colombia en el Mundial de Estados Unidos, hace exactamente 25 años, a la frase de Maturana habría que añadirle otra: ‘Ganar por goleada es perder... mucho’. El legendario 5-0 frente a Argentina, con el que clasificamos en ese entonces, nos salió caro. Al sentirse campeón, el equipo se confió y se durmió en los laureles. Pero la realidad era otra bien diferente: no teníamos la preparación ni la experiencia necesarias para estar en las grandes ligas. Y, para empeorar las cosas, la goleada nos confundió y de la falsa confianza pasamos a la indisciplina. En conclusión, el resultado del equipo durante el Mundial no pudo ser peor. Y, muy al estilo nuestro, antes de jugar el primer partido en Estados Unidos, ya los jugadores tenían colgada la Cruz de Boyacá.

En la legislatura que acaba de concluir se tramitaron varios proyectos que fueron votados sin oposición alguna. Fueron aprobados con goleada

En política pasa un poco lo mismo. No me refiero a que otorgar la Cruz de Boyacá antes de tiempo sea una mala idea, como ocurrió con el senador Macías, quien la recibió por adelantado, sin que su gestión como presidente del Congreso haya sido la más destacada. Me refiero a que en política, como en el fútbol, ganar por goleada debe ser motivo de preocupación más que de celebración.

Como regla general, cuando en el Congreso hay unanimidad hay que leer entre líneas. Si se aprueba alguna iniciativa con un número apabullante de votos a favor y sin un solo voto en contra, más que aplaudir el consenso habría que prender las alarmas. Mejor dicho, cuando los proyectos de ley ganan por goleada es porque el fantasma del populismo anda rondando por ahí.

En la legislatura que acaba de concluir se tramitaron varios proyectos que fueron votados sin oposición alguna. Fueron aprobados con goleada, en comisiones y plenarias, dos proyectos de ley de gran calado. Nadie se opuso a la ley que crea una prima adicional para los asalariados o a la que reduce los aportes a salud de los pensionados de 12 a 4 por ciento.

Tampoco hubo votos negativos en dos actos legislativos. El primero de ellos le asigna a la Contraloría General de la República, por derechas, el 0,5 por ciento del Presupuesto General de la Nación, lo que en la práctica equivale a duplicar su presupuesto. ¿Está tan desfinanciada la Contraloría como para que todos los congresistas cierren filas alrededor de esta causa? No creo.

El segundo acto legislativo con votación unánime es el que aumenta las regalías a los departamentos y municipios productores de hidrocarburos y minerales “sin que se reduzcan los porcentajes que reciben los demás departamentos”, es decir, donde todos ganan y nadie pone. ‘Más gasto y menos ahorro’ parece ser la consigna en la que se ponen de acuerdo todos los parlamentarios.

Algún investigador tendrá que estudiar si los proyectos que obtienen más votos a favor y ninguno en contra son al mismo tiempo los más costosos para la economía. Pero todo parece indicar que así es.

¿Significa esto que el populismo es inatajable en nuestra democracia?
Afortunadamente, no, por varias razones. Como ninguno de estos proyectos ha terminado su trámite legislativo, todavía hay tiempo para que el Gobierno ataje goles, así le cueste políticamente.

Como último recurso para enfrentar proyectos populistas y costosos está el acto legislativo 03 de 2011, que incorporó el criterio de sostenibilidad fiscal a nuestra Constitución. Este es el verdadero antídoto a la práctica de aprobar iniciativas que suenan bien frente al electorado, y que ningún congresista quiere votar en contra, pero que a la postre terminan siendo perjudiciales para todos porque no hay con qué pagarlas.

Pero lo ideal es no tener que llegar hasta allá. Si ganamos los partidos, pero no por goleada, a la larga nos iría mejor.

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