Explorando nuevas opciones

Explorando nuevas opciones

Gobierno y sector privado deberían evaluar las posibilidades reales de la producción de amoníaco.

13 de noviembre 2020 , 09:25 p. m.

Poco despliegue tuvieron en el país las declaraciones de Iván Glasenberg, presidente de Glencore, en la Cumbre de Minería del Financial Times, celebrada hace pocas semanas. Dijo –palabras más, palabras menos– que el Cerrejón, la mina que operan conjuntamente Glencore, Anglo American y BHP, llegará al final de su vida en 2031. Lo mismo posiblemente ocurrirá con otras minas en el Cesar. Todo esto significa que, si no hacemos algo desde ya, se perderán miles de empleos –para no hablar de los ingresos fiscales y las regalías, así como de más de 7.000 millones de dólares en exportaciones–.

No debería sorprender que las grandes multinacionales mineras anuncien que van a reducir sus emisiones de carbono –algo que la humanidad entera está esperando–. Una tras otra, estas empresas están buscando salir del carbón para invertir en minerales como el cobre, el cobalto y el níquel, necesarios para la transición energética –incluidos los vehículos eléctricos–.

Lo que sorprende es lo mal que nos estamos preparando para enfrentar esa realidad. Pasada la era de los combustibles fósiles –especialmente del carbón, que es el más contaminante de todos–, ¿cuál será la nueva apuesta económica de Colombia? ¿Cuáles serán los sectores con los que vamos a apuntalar nuestro desarrollo?

Una semana después de las declaraciones de Glasenberg, Yo-shihide Suga, el nuevo primer ministro de Japón, estableció 2050 como la fecha segura para que su país logre la neutralidad de carbono. Para llegar allá –sin utilizar la energía nuclear, de la que el pueblo japonés no quiere saber nada después del desastre de Fukushima– anunció la formación de un consejo para consolidar a su país como líder mundial de la energía del amoníaco, un químico compuesto por un átomo de nitrógeno unido a tres átomos de hidrógeno y que hasta hace poco solo asociábamos a los productos de limpieza. La realidad es que se trata de un combustible limpio y, además, con más energía que el hidrógeno.

Lo interesante es que Colombia podría ser un líder mundial en su producción.

Japón se encargará de desarrollar la tecnología y las cadenas de suministro. De hecho, NYK, la naviera japonesa, está desarrollando buques que no solo transportan el amoníaco, sino que lo utilizan como combustible.

Estos dos anuncios –uno en Londres y otro en Tokio–, aparentemente desconectados entre sí, pueden tener claves para nuestro desarrollo futuro y, especialmente, para nuestra tan elusiva industrialización. Pero no estamos solos: muchos países están detrás del liderazgo de la ‘economía del amoníaco’, entre ellos Chile y Australia.

El insumo fundamental para un desarrollo de esta naturaleza es la producción de hidrógeno, que tradicionalmente se obtiene con tecnologías que utilizan combustibles fósiles y que, por lo tanto, no resuelven el cambio climático. Por eso, algunos países están desarrollando el hidrógeno azul, que captura el CO2, pero con tecnologías muy costosas. Donde puede entrar Colombia es en la producción de hidrógeno verde, cuyos insumos son sol, viento y agua, precisamente los recursos que tenemos en abundancia.

Esto puede sonar a ciencia ficción, pero no lo es. Chile ya está pensando en utilizar la energía solar del desierto de Atacama para producir hidrógeno, convertirlo en amoníaco y enviarlo a Japón desde Antofagasta. Colombia podría hacer lo mismo, desde Puerto Brisa y Puerto Bolívar –los dos puertos en La Guajira–, lo que de entrada impone el sobrecosto de cruzar el canal de Panamá. Sin embargo, tenemos mayores eficiencias debido a que la energía eólica y la solar se complementan muy bien en esa zona, y podemos producir electricidad –el principal insumo del hidrógeno– a menor costo que Chile.

Al igual que lo que hizo el país austral, Gobierno y sector privado deberían contratar un estudio para evaluar las posibilidades reales de esta opción, y conformar un equipo de trabajo para analizarla. No podemos olvidar que la mina del Cerrejón surgió hace medio siglo como producto de una iniciativa público-privada. Las nuevas apuestas de desarrollo van a requerir, de nuevo, un papel activo del Gobierno.

Mauricio Cárdenas

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