Éxitos que pasan desapercibidos

Éxitos que pasan desapercibidos

El Gobierno tomó plena conciencia de que los cigarrillos en nuestro país eran excesivamente baratos.

09 de agosto 2019 , 08:18 p.m.

Minouche Shafik, rectora del London School of Economics (LSE), le envió una carta pública hace pocos días a la doctora Sally Davies, la médica en jefe del Reino Unido, sobre lo que debe hacer el Gobierno británico para apoyar a los países de ingreso medio y bajo en la reducción de enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares, el cáncer y la diabetes. Estas patologías explican la muerte de 41 millones de personas por año, es decir, 70 % del total de muertes en el mundo.

Entre las causas de estas enfermedades, el tabaco ocupa un lugar protagónico: 8 millones de personas mueren por año como consecuencia de su consumo. Los más de mil millones de personas que fuman, una quinta parte de la población mundial mayor de 15 años, pierden en promedio una década de vida. Por ello, pocas intervenciones tienen la capacidad de salvar tantas vidas como el aumento de los impuestos al tabaco.

Lo interesante de la carta de la rectora del LSE es que pone a Colombia como el modelo por seguir a la hora de subir estos impuestos.

Gracias, en buena parte, al trabajo de Michael Bloomberg, el exalcalde de Nueva York que ha sido un abanderado del uso de impuestos para mejorar la salud, el Gobierno colombiano tomó plena conciencia de que los cigarrillos en nuestro país eran excesivamente baratos.

Tomemos los datos de 2016, cuando la cajetilla más vendida en Colombia costaba 2.726 pesos, equivalentes a 88 centavos de dólar, mientras que en el continente americano (desde Alaska hasta la Patagonia), su costo promedio era de 3,50 dólares. De hecho, nuestros cigarrillos eran los más económicos en todo el continente, con excepción de Paraguay, un país en donde los exportadores de tabaco dominan el mundo político y no quieren poner trabas a su actividad, que no es un modelo de buenas prácticas.

En Chile y Perú, nuestros socios en la Alianza del Pacífico, la cajetilla costaba más de 3 dólares. Pero, para no ir demasiado lejos, en ese mismo año, los cigarrillos costaban 4,20 dólares en Panamá y 5,20 dólares en Ecuador.

Es evidente que los precios en Colombia eran anormalmente bajos. Pero ¿por qué? La respuesta es obvia: un largo y exitoso lobby de las multinacionales del tabaco para impedir que subieran los impuestos al consumo de cigarrillos.

Desde que tengo memoria, las multinacionales –no solo en el caso del tabaco, sino también en el de los licores– pagaron expertos y estudios para argumentar que si aumentaban los impuestos, lo único que se lograría sería estimular el contrabando. El argumento que hizo carrera es que el Gobierno se dispararía en el pie y perdería ingresos fiscales. Esa tesis, que resultó falaz, dominó el debate en Colombia durante décadas.

Después de haberse aprobado la ley anticontrabando en 2015, la reforma tributaria estructural de 2016 finalmente tomó cartas en el asunto y elevó los impuestos por cajetilla de 700 pesos, un nivel irrisorio, a 2.253 pesos en la actualidad.

La medida resultó efectiva: el consumo se redujo un 34 % –de 674 millones de cajetillas en 2016 a 446 millones en 2018–, mientras que los impuestos recaudados –destinados en su totalidad a la salud– se duplicaron y llegaron a 1,14 billones de pesos en 2018. La salud de los colombianos mejoró por punta y punta: menos consumo de tabaco y más recursos para el sector.

Ahora bien, los cigarrillos todavía son muy baratos en Colombia (1,40 dólares frente a 3,88 en las Américas), lo cual indica que la tarea no ha concluido.

Por último, un nuevo reto es el causado por la epidemia de cigarrillos electrónicos, que, según la OMS, son utilizados por más del 20 % de los jóvenes en Estados Unidos. El llamado vaping, en apariencia saludable, en realidad es otra fuente de adicción a la nicotina, con olores y sabores para todos los gustos (incluyendo, por ejemplo, el crème brûlée). Más allá de la resolución de la Dian, expedida en 2017, que obliga a los cigarrillos electrónicos a pagar el mismo impuesto que los cigarrillos convencionales, es necesario actualizar la regulación para crear plena conciencia de que se trata de un producto perjudicial para la salud y cuyo consumo ya es un problema en nuestros colegios.

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