En busca del tiempo perdido

En busca del tiempo perdido

La conclusión es clara: debemos enfocarnos aquí y ahora en recuperar lo que se perdió el año pasado.

19 de febrero 2021 , 09:25 p. m.

Hacer el balance sobre los costos que deja la pandemia en Colombia es difícil. Aunque es muy posible que las cifras reales sean más altas, a causa del covid-19 se han registrado más de 2,2 millones de casos y han fallecido casi 60.000 personas. A la pérdida de vidas e incapacidades hay que sumar los efectos sobre otras enfermedades no atendidas oportunamente, así como el impacto en materia de salud mental y educación. Ni qué decir sobre el cierre definitivo de empresas y sus respectivos empleos. Que yo sepa, hasta ahora nadie ha hecho esta cuenta con rigor en nuestro país, que Lawrence Summers, el exsecretario del Tesoro, estimó en 90 por ciento del PIB en el caso de EE. UU.

La que sí es fácil de hacer es la estimación de los ingresos que hemos dejado de recibir y los gastos en los que hemos incurrido hasta ahora, pero que tendremos que pagar en el futuro. Esta semana, el Dane anunció que el valor del PIB de 2020 fue de 1.002 billones de pesos. Hace un año, antes de la pandemia, el monto esperado era de 1.131 billones. Esto quiere decir que nuestros ingresos se redujeron en cerca de 130 billones de pesos por el covid-19 y sus efectos colaterales. Esto es algo más de 10 millones de pesos por cada familia de cuatro miembros.

Al mismo tiempo, el Gobierno tuvo que asumir el año pasado unos gastos que no tenía previstos y que cubrió con préstamos que, más temprano que tarde, también tendremos que pagar. Esa deuda adicional representa 160 billones de pesos. Estos son otros 13 millones de pesos por cada familia de cuatro miembros.

Sin contar las consecuencias en materia de mortalidad, morbilidad, educación y otros efectos más o menos duraderos, a una familia colombiana promedio la pandemia ya le costó 23 millones de pesos. Y lo peor es que –como tantas otras cosas que están mal distribuidas en el país– este promedio dice poco, pues el grueso de la pérdida de ingresos se concentró en las personas más desfavorecidas, que no tenían con un empleo formal para protegerse.

La conclusión es clara y contundente: debemos enfocarnos aquí y ahora en recuperar lo que se perdió el año pasado.

El proceso de vacunación es la clave. Una cosa es tener las vacunas y otra, distribuirlas con orden y agilidad, como está haciendo Chile. Después de las fotos de los políticos para capitalizar el momento –que no hacen más que distraer y quitar el foco de donde debe estar–, el despliegue de las vacunas será la mejor oportunidad –y quizás la última– para que las EPS demuestren que pueden hacer las cosas bien. Ojalá al final del día podamos confirmar que nuestro modelo de salud es mejor de lo que pensamos.

Otro paso fundamental es el regreso a las aulas. He apoyado con entusiasmo la campaña #LaEducaciónPresencialEsVital por razones que tienen que ver con la salud mental de nuestros hijos y el enorme costo que representa para ellos el atraso en materia de aprendizaje. Pero, además, hay una razón económica. Muchas personas –especialmente mujeres– volverán a trabajar una vez sus hijos puedan regresar a los colegios. Pero ojo: hay que retornar a las clases presenciales de manera definitiva, y no bajo la modalidad de alternancia. Fecode debe dejar de oponerse, y el Gobierno debe hacer valer toda la evidencia que se ha acumulado en el mundo entero sobre esta materia. Hay que regresar a la presencialidad, rápido y sin excepciones.

También es necesario eliminar todo tipo de restricciones de los horarios de las empresas y negocios. Ya trabajadores y empresarios pueden definir, de forma autónoma, las condiciones que mejor se acomoden a su propia realidad. Llegó el momento de dejar de regular las horas a las que podemos trabajar o movilizarnos. Entramos en una fase en la que es necesario confiar en nuestras propias decisiones en materia de cuidado y salud.

Un último elemento tiene que ver con el estímulo fiscal. Las cifras de ejecución del año pasado fueron bastante pobres. Eso no puede volver a pasar. Mejorar la ejecución es un trabajo que requiere gerencia y coordinación del alto Gobierno en reuniones que no tienen ningún dividendo mediático. Pero es un tiempo mejor invertido para el país que el de las fotografías al lado de las vacunas.

Si estas medidas se adoptan, la economía va a despegar con fuerza –sin poner en peligro la salud–.

Mauricio Cárdenas

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