El palo no está para cucharas

El palo no está para cucharas

Tenemos retos y no podemos esperar milagros. Este no es un problema del Gobierno, es de todos.

31 de mayo 2019 , 07:27 p.m.

No hay frase más trillada que esa que muchos le atribuyen a Einstein y según la cual “si seguimos haciendo lo mismo, no podemos esperar resultados diferentes”. Aplicada a la coyuntura colombiana actual, llevamos meses atrapados en una conversación nacional sobre las objeciones a la JEP y el caso Santrich, y, en medio de un país polarizado, los resultados económicos han decepcionado, cuando todos esperábamos un repunte.

El palo no está para cucharas. Los aranceles anunciados por Trump a los productos mexicanos, hasta que el gobierno de Amlo haga algo para controlar la inmigración, son un acto de campaña que representa una amenaza para nosotros. En las elecciones en EE. UU., más temprano que tarde, el problema de las drogas entrará en escena, y, en ese campo, mientras sigamos en un debate interno sin ponernos de acuerdo sobre unos puntos básicos, tenemos una gran vulnerabilidad.

O pensemos en Brasil, donde se esperaba que con la llegada de Bolsonaro la economía experimentaría una recuperación. Ocurrió todo lo contrario. El crecimiento durante el primer trimestre fue de un mediocre 0,5 por ciento, por debajo del ritmo que traía en los últimos dos años. Esto es un campanazo, pues muestra que el capital político con el que arranca un nuevo gobierno no necesariamente se traduce en crecimiento si no viene acompañado de reformas tangibles y concretas.

El primer problema es la falta de gobernabilidad. Es un hecho que al Gobierno no le están saliendo bien las cosas en el Congreso

Es decir, tenemos retos y no podemos esperar milagros. Este no es un problema del Gobierno, es de todos.

Un punto de partida, como lo ha planteado el Gobierno, es construir un pacto nacional. Pero no para insistir en las mismas ideas que nos tienen atrapados en la situación actual. Un pacto para hacer ajustes, de parte y parte.

El primer problema es la falta de gobernabilidad. Es un hecho que al Gobierno no le están saliendo bien las cosas en el Congreso, bien sea porque no le aprueban sus proyectos o porque cuando se los aprueban, vienen con normas que el propio Gobierno no comparte. Por ejemplo, si las cosas siguen como van, se aprobará el acto legislativo que le da al Congreso autonomía sobre el manejo del 20 por ciento del presupuesto, lo que sería el peor retroceso en el manejo fiscal colombiano. La única esperanza es que el senador Enríquez Maya no lo incluya en el orden del día de la Comisión Primera durante un par de semanas.

Cuando un gobierno no tiene las mayorías en el Congreso, aquí y en cualquier parte del mundo, debe construir una coalición. Tanto así que en las democracias parlamentarias, si el partido ganador no logra armar una colación mayoritaria se hace necesario convocar nuevas elecciones, como ocurrió esta semana en Israel. Nadie se rasgó las vestiduras en Alemania, ni acusó de corrupta a la canciller Merkel, cuando después de ganar las elecciones –pero no las mayorías en el Parlamento– hizo un acuerdo con los socialistas, a cambio de una representación de ese partido en sectores claves, como el Ministerio de Finanzas.

¿Por qué en Colombia el Presidente insiste en gobierno de partido, cuando su partido no le asegura las mayorías en el Congreso? ¿No sería mejor para el país un gobierno con representación de otros sectores políticos?

Pero el asunto no solo depende del Gobierno. Hay sectores moderados y de centro que leen el desgaste de la actual administración como una oportunidad para las próximas elecciones. Se equivocan. Si a este gobierno no le va bien, perdemos todos. Lo único que se logra es posicionar a las alternativas populistas de izquierda.

Pero el pacto nacional no solo debe ser de gobernabilidad. Debe estar edificado alrededor de tres principios fundamentales: la defensa de los acuerdos de paz, la sostenibilidad fiscal y el impulso al crecimiento económico incluyente.

Hay quienes sostienen que el pacto no es viable, pues la polarización es una estrategia calculada por sectores cercanos a la Casa de Nariño de cara a las elecciones de octubre. De ser así, lo único que hay que decir es que el Gobierno, y no necesariamente su partido, sería el gran perdedor.

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