Contrasentidos

Contrasentidos

Muchos economistas no están de acuerdo con que las regalías se usen para cubrir gastos recurrentes.

06 de abril 2019 , 12:21 p.m.

Imagínese una empresa que tiene dos unidades con contabilidades diferentes, cada una con sus propios procesos de presupuestación y ejecución. En la primera unidad, la empresa siempre da pérdidas porque los ingresos no alcanzan a cubrir los gastos. En la otra hay unos grandes excedentes, no solo porque los ingresos son altos sino porque la capacidad de ejecución es baja.

El problema es que cuando los bancos evalúan el negocio, solo miran el área deficitaria y le asignan una mala calificación a toda la empresa. La situación es tan preocupante que la asamblea de accionistas decidió, por estatutos, ponerle un tope decreciente en el tiempo a las pérdidas de dicha área.

Esto es un contrasentido, pues a las dos áreas fusionadas les iría mucho mejor.

El SGR debería pagar ciertas inversiones que son eminentemente territoriales y hoy corren por cuenta del Gobierno Nacional. Un buen ejemplo es el llamado PAE o Plan de Alimentación Escolar.

El mayor problema es que la empresa se llama Estado colombiano.

La primera unidad es el Gobierno Nacional, cuyo déficit será este año cercano a $ 27 billones, o 2,7 % del PIB. Existe un compromiso legal de reducir ese déficit a 1,4 % del PIB en 2022. Sin embargo, como no está claro de dónde surgirán ingresos adicionales o qué gastos se pueden recortar, las calificadoras tienen dudas de que esta meta se pueda cumplir.

De hecho, hay rumores que podrían bajar la calificación soberana de BBB a BBB- que, aunque todavía es grado de inversión, significaría tasas de interés más altas para toda la economía y además un serio problema para el sector empresarial porque ese sí –por efecto dominó– perdería el grado de inversión. Lo que esto significa es que un importante grupo de inversionistas que hoy compran papeles de las empresas colombianas dejaría de hacerlo.

Este es un escenario que debe evitarse a toda costa.

La segunda unidad del Estado, que es de las regiones, se llama Sistema General de Regalías (SGR). Está nadando en recursos: tendrá disponibles entre 2019 y 2020 nada menos que 30 billones de pesos, para de ahí en adelante recibir un estimado de $ 9 billones al año. Estas cifras contrastan con su capacidad de ejecución. En buenos proyectos, bien estructurados y de alto impacto regional, el sistema no logra invertir más de $ 5 billones al año, que es lo que en promedio ha hecho desde que se creó.

En sana lógica, la unidad superavitaria debería asumir algunos programas que hoy están a cargo del área deficitaria. En concreto, el SGR debería pagar ciertas inversiones que son eminentemente territoriales y hoy corren por cuenta del Gobierno Nacional. Un buen ejemplo es el llamado PAE o Plan de Alimentación Escolar, que tiene un costo anual de $ 1,1 billones. Pero hay muchos más, como las universidades y la atención a la primera infancia, entre otros.

Muchos economistas no están de acuerdo en que las regalías, provenientes de recursos no renovables, se utilicen para cubrir gastos recurrentes. Estas preocupaciones son infundadas. Primero, porque en la distribución de las regalías se puede establecer que estos programas tengan un tope (digamos de $ 3 billones al año) y sean los primeros en recibir recursos, lo cual asegura que siempre tendrán financiamiento. Segundo, porque con mayor nutrición, educación y salud se construye capital humano, que es una buena forma de invertir los recursos de las industrias extractivas.

Pero el asunto no es técnico, sino político. Esto requiere una reforma de rango constitucional. El Gobierno acaba de radicar una, pero con otro propósito: aumentar las regalías directas que reciben los productores.

¿No es más importante asegurarles a todos los niños y niñas de Colombia su alimentación y atención integral, al tiempo que se consolida la calificación BBB de la nación, antes que duplicar o triplicar las regalías que reciben unos pocos departamentos? Vale la pena que el Congreso le dé un buen debate a lo que acaba de radicar el Gobierno.

Sal de la rutina

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