¿Cómo enfrentar el descontento?

¿Cómo enfrentar el descontento?

Cualquier medida que aumente la inequidad va a empeorar las cosas.

29 de noviembre 2019 , 08:29 p.m.

Lo que no se mide no se puede arreglar. Con el descontento pasa algo parecido: si no se entienden bien sus causas, se podrían tomar medidas improvisadas que empeorarían las cosas. Cambiar lo que ha funcionado bien, como la Constitución de 1991, es un buen ejemplo de lo que no se debe hacer.

Es cierto que el menor crecimiento económico y la gran cantidad de personas que se encuentran en la clase media vulnerable –en franco riesgo de regresar a la pobreza– son factores comunes en los países que han experimentado protestas en las últimas semanas. Pero esta no parece ser una explicación suficiente. Hay algo más.

La encuesta de Gallup sobre “felicidad” puede dar algunas pistas. Su último informe muestra que, en los últimos cinco años, la satisfacción personal ha caído más en América Latina que en cualquier otra región del mundo.

Los encuestados se deben imaginar una escalera con peldaños que van desde 0, que representa el peor nivel de vida, hasta 10, que representa la mejor vida posible. Miles de personas que responden esta encuesta en el mundo entero deben escoger el peldaño que mejor representa su propia situación.

Según Gallup, las percepciones de los ciudadanos sobre su situación personal están relacionadas con la efectividad del Gobierno, la calidad de la regulación y el control de la corrupción

En Colombia, el promedio nacional se ubicó en 6,60 en 2013. El año pasado cayó a 6, lo que representa una disminución de 10 por ciento en la satisfacción personal, que corresponde exactamente a lo que ha ocurrido en América Latina en promedio. En contraste, durante estos mismos años la satisfacción personal ha aumentado en Europa central y oriental, África y el sudeste asiático.

Encontrar las razones del deterioro de la percepción de bienestar en América Latina es una tarea mucho más compleja. Una posible explicación del descontento social es la desigualdad. Es bien sabido que Latinoamérica es la región más inequitativa del mundo. Aunque la desigualdad ha bajado en los últimos años, lo que más inquieta es que los gobiernos latinoamericanos poco o nada ayudan a reducirla.

El caso emblemático es Colombia, donde, con o sin la intervención del Estado, la desigualdad es la misma. La razón es que el pago de pensiones –el mayor rubro en el presupuesto– lo reciben dos millones de personas en mejores condiciones que la inmensa mayoría de los colombianos. Por más que trata el Estado de focalizar otros programas sociales, no logra contrarrestar esta realidad.

Según Gallup, las percepciones de los ciudadanos sobre su situación personal están relacionadas con la efectividad del Gobierno, la calidad de la regulación y el control de la corrupción. Quienes consideran que la corrupción es generalizada en el Gobierno y el sector privado representaron el 91 % de los encuestados en Perú, 85 % en Colombia y Argentina, 81 % en México, 79 % en Chile. Aquí reside buena parte del problema.

Todo esto debe dar pistas para enfrentar la protesta social. Cualquier medida que aumente la inequidad va a empeorar las cosas. Desafortunadamente, varios de los anuncios recientes, como los días sin IVA, van en ese sentido. Qué bueno sería reforzar programas a favor de los más pobres como De Cero a Siempre o Colombia Mayor. También puede aprovechar la reforma, en curso, de las regalías para apropiar más recursos para la educación superior.

Dicho esto, en momentos de tensión social hay que rechazar vehementemente la anarquía que busca debilitar las instituciones, incluyendo el Gobierno. Hemos resuelto retos complejos, como el conflicto armado, adaptando nuestras instituciones. Por ejemplo, cuánta tranquilidad ganó el país a cambio de asegurarles por dos períodos unas pocas curules a las Farc. Por cierto, qué bien le haría al Gobierno rodear el acuerdo de paz y defenderlo. Eso reduciría mucho las tensiones actuales y ayuda a fortalecer la democracia.

P. D. Este lunes comienza el trámite, en las Comisiones Económicas, de la reforma tributaria que reducirá los ingresos fiscales, indispensables para resolver muchos de los problemas que hoy inquietan a los jóvenes. Esta semana, la ecuación se tornó aún más negativa con los beneficios adicionales, que costarán 3 billones de pesos al año. Por eso insisto en la necesidad de moderarla. La búsqueda de un dividendo extraordinario de Ecopetrol y la operación que le permitirá a la nación recibir los recursos de la venta de Isagén, hoy en día en la FDN, muestran que el Gobierno está afanosamente necesitando ingresos.

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