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‘Cómo avanza Colombia’

‘Cómo avanza Colombia’

Es una colección de historias de fracasos convertidos en éxitos. 

17 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Después de una larga fase de calentamiento, el país entra ya a la cancha electoral. El ambiente que se respira hoy, a seis meses de las elecciones para Congreso y las consultas interpartidistas, es de profundo pesimismo. Eso, en sí mismo, es preocupante. La pandemia de covid-19 ha profundizado la sensación de que vamos por mal camino; de que los problemas, en vez de resolverse, se agravan. La inseguridad y la corrupción ocupan la mayor parte de las noticias. El país está desorientado.

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La historia nos enseña que es precisamente en momentos como este cuando, con facilidad, las sociedades caen en manos de caudillos. En medio de la pesadumbre y la desconfianza, las únicas opciones políticas que parecen viables son aquellas que proponen un borrón y cuenta nueva. Resetear el sistema y empezar de ceros, o por lo menos patear la mesa, parece ser la fórmula ganadora.

Las crisis económicas y sociales –cuando el tamaño de la torta se reduce y la tajada de los más pobres y vulnerables es la que más sufre– son de gran peligro, pues es justo en esos momentos cuando las sociedades optan por dar reversa, llevándose por delante incluso aquello que funciona. Ahí es cuando una crisis coyuntural se transforma en una espiral de malas decisiones que conduce a profundos reveses. La historia está llena de ejemplos de cómo lo que al principio se pensaba como pasajero terminó volviéndose permanente –de cómo las que se vendieron como fórmulas de solución terminaron agravando los problemas–.

Esto me ha llevado a reflexionar sobre cuál es la estrategia adecuada para enfrentar el momento. Es tentador poner el foco en las críticas a quienes -como Petro y Robledo- personifican el reversazo empobrecedor. Ellos hablan de regresar al pasado proteccionista, a los gobiernos que gastaban a punta de emisión monetaria, a la precariedad de las vías –o, peor, su inexistencia– cuando no habíamos desarrollado el modelo de concesiones financiadas con peajes. Todo esto tiene un tono retrógrado: vende que el pasado fue mejor –algo que no tiene el más mínimo sustento, pues Colombia ha avanzado en prácticamente todos los frentes–.

Cuando nos proponemos aprender de nuestros errores, nos apoyamos en la evidencia, les ponemos método a los problemas y superamos la politiquería, las cosas salen bien.

Entonces, ¿cómo avanzar? Las críticas –por válidas que sean– no emocionan o, por lo menos, no inspiran. Lo que inspira y energiza es un sueño, una visión optimista del futuro de Colombia. Y para construir esa visión hay que empezar por lo que hemos hecho bien. No se trata de embriagarnos por causa de una falsa complacencia ni de restarles importancia a los graves problemas que enfrentamos. Todo lo contrario: necesitamos reafirmar nuestras capacidades de hacer las cosas bien cuando nos lo proponemos. La seguridad que nos da el sabernos capaces de alcanzar grandes cosas nos da fuerza para afrontar los nuevos retos.

Por eso decidí escribir un libro –Cómo avanza Colombia–, que es una colección de historias de fracasos convertidos en éxitos. Uno de ellos es el de la infraestructura. Hasta 2014 solo existían once puentes para cruzar el río Magdalena. Desde entonces se han construido diez más. En siete años hemos hecho más de lo que hicimos en siglos.
Y hay muchos otros avances que muestran que no todo está perdido: el modelo colombiano de atención a la primera infancia; ingresamos a la Ocde, con todo lo que ello significa en términos de buenas prácticas; introdujimos el impuesto a las emisiones de carbono –una tarea pendiente para la mayoría de países–; toda la población colombiana tiene un seguro básico de salud, algo que muchos países quisieran emular. Y uno más entre tantos otros: los resultados en materia deportiva son mucho mejores que en el pasado, como lo demostraron nuestros medallistas paralímpicos en Tokio.

Cada caso tiene su dinámica propia y deja enseñanzas. Sin embargo, todos tienen un elemento en común: cuando nos proponemos aprender de nuestros errores, nos apoyamos en la evidencia, les ponemos método a los problemas y superamos la politiquería, las cosas salen bien. Para progresar hay que priorizar. No caigamos en la tentación de decir que se harán todas las reformas pendientes. El país tiene tres grandes problemas: falta de empleo, inseguridad y corrupción. Cuatro años es poco tiempo, el capital político se deprecia rápido. Elijamos bien. No es hora de saltar al vacío.

MAURICIO CÁRDENAS SANTAMARÍA
@MauricioCard

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