Verdades incómodas

Verdades incómodas

La primera de ellas es que solo dentro de meses se podrán relajar las medidas de salud pública.

22 de enero 2021 , 09:25 p. m.

El panel independiente para evaluar la respuesta frente a la pandemia, liderado por Helen Clark, de Nueva Zelanda, y Ellen Johnson Sirleaf, de Liberia, y del que hago parte, presentó esta semana su primer informe de avance. Ha realizado casi 100 entrevistas con expertos, funcionarios de gobiernos y profesionales de la salud.
La situación no puede ser más apremiante: han muerto dos millones de personas. Se han registrado más de 95 millones de infecciones. La actividad económica que se perdió en el mundo el año pasado equivale a 20 veces el PIB de Colombia. Las cifras empeoran a diario. Por ello, el panel no ha temido decir verdades incómodas.

La primera de ellas es que, basado en las tendencias actuales, solo dentro de muchos meses, incluso años, se podrán relajar las medidas de salud pública. Debemos seguir en un régimen de pruebas frecuentes para detectar los casos de manera temprana, el rastreo y el aislamiento de los contactos, la higiene de las manos, el distanciamiento físico y el uso de tapabocas.

El panel considera que hubo fallas críticas en la respuesta temprana al covid-19. El sistema internacional se demoró en detectar y alertar rápidamente un nuevo agente infeccioso con potencial pandémico; los países fueron incapaces para actuar con decisión y aplicar medidas de salud pública, incluso cuando se hizo la mayor alerta posible; y faltó aplicar el principio de precaución a la primera evidencia indicativa de transmisión de persona a persona.

La declaración de una emergencia de salud pública de importancia internacional –algo que inexplicablemente realiza un órgano político y no uno técnico– tardó mucho tiempo. Más que decisiones donde intervienen las burocracias internacionales, permeadas por la geopolítica, lo que se requiere es un sistema de información inmediata, alimentado por clínicas y laboratorios en todo el mundo, que permita una rápida reacción para enfrentar el riesgo de epidemia. Esta velocidad se debe medir en horas y días. No en semanas o meses, como ocurrió en este caso.

Pero, incluso, después de declarada la emergencia, los países se demoraron en reaccionar. Cuando se hace la cronología es evidente que la pandemia avanzó sin mayores obstáculos en febrero de 2020.

Además, las tensiones entre las potencias globales le pasaron una cuenta de cobro a la humanidad. El virus se abrió paso entre la falta de acciones multilaterales: ni el Consejo de Seguridad de la ONU, el G8 o el G20 coordinaron respuestas. Como lo dejó en claro el presidente Biden esta semana en una de sus primeras medidas, la pandemia es un claro argumento a favor del multilateralismo.

La respuesta a la pandemia ha profundizado las desigualdades dentro de los países y entre países ricos y pobres. Por ejemplo, un modelo de vacunación donde los ricos reciben el 100 % de cobertura y los pobres, el 20 % es cuestionable por razones tanto éticas como de salud pública. Basta recordar que diariamente se realizan 100.000 vuelos comerciales en el mundo –que transportan a 11 millones de personas–. Nadie estará protegido hasta que todos estemos protegidos. El lugar de nacimiento no debería ser el factor que determine nuestro lugar en la cola de vacunas.

Con una milésima parte de los recursos que se han perdido por causa de la pandemia se hubiera podido prevenir y estar mejor preparados. Unos cuantos miles de millones de dólares habrían permitido ahorrar billones. El problema es que estas inversiones se han visto tradicionalmente como un asunto de cooperación internacional cuando en realidad deben verse como un esfuerzo colectivo en un bien público mundial.

Cada vez que hay una crisis de salud, como el Sars o el Ébola, se convocan comisiones cuyas recomendaciones nunca se adoptan. Pero, si no actuamos ahora, ¿cuándo? Si no somos nosotros, ¿entonces quién? Existe una razón política de peso: hay que hacerlo rápido, pues la gente está perdiendo la confianza en los gobiernos y en las instituciones.

Mauricio Cárdenas

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